Y después de las cuotas lácteas, ¿qué?

España consume unos 9 millones de toneladas de leche al año y produce casi 7. El resto, unos 2 millones de toneladas, se importan de Europa en forma de leche líquida, quesos y derivados lácteos. Galicia es la primera productora de leche de España, con algo más de 8.500 explotaciones y 700.000 cabezas en ordeño. Solo en 2016, la producción alcanzó los 2,6 millones de toneladas, lo que la convierte en la 9ª región productora de la Unión Europea (UE).
Mario Fernández Redondo. Secretario del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas de A Coruña.

Sin embargo, hasta un 44% de esta producción no se transforma en productos de mayor valor añadido, sino que es transportada como leche líquida hacia otras zonas de España, tendencia que se ha incrementado en los últimos años y que puede ser una de las causas del menor precio que perciben los ganaderos gallegos respecto a los de otras partes del Estado y del resto de la UE.

 Fin de un modelo

La Comisión Europea anunció en 1998 el principio del fin de las cuotas lácteas, en el marco de la “Agenda 2000”, incluyendo el aumento progresivo de las cuotas y la reducción de los precios de intervención para la leche en polvo y la mantequilla, intentando que el valor de la cuota fuera disminuyendo y que la oferta se adaptara progresivamente y sin traumatismos a la demanda.

De este modo, desde 1998, las cuotas lácteas tenían marcada su fecha de caducidad. El modelo productivo basado en una ganadería con una carga ganadera elevada, producción intensiva sin apenas tierra, importando soja y maíz a la par que se olvidaba el pasto y el forraje, ha sido un modelo válido, pero solo mientras los ingresos por las ventas de leche más las subvenciones de la PAC han cubierto los costes de producción sostenida gracias a estas cuotas.

Han sido 20 años perdidos para el cambio de modelo, aunque nunca es demasiado tarde para trabajar por el futuro de la ganadería láctea gallega. La transformación de modelo productivo no es fácil: pasar de una producción intensiva a producir de forma extensiva bajando la carga ganadera y gestionando la base territorial, es complicado. Hay muchos montes y pastos comunales, muchas fincas “a monte” abandonadas, sin cultivar, porque sus propietarios abandonaron el medio rural. Sería de gran valor una política de fomento de la utilización del Banco de Tierras para facilitar la movilidad de estos terrenos, hoy improductivos y abonados a la dinámica del matorral y el incendio.

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