Desafíos y oportunidades de la patata en España

Están lejos los tiempos en que España era autosuficiente en la producción tanto de patata de siembra como de consumo. Cuando España ingresó en el Mercado Común Europeo en 1986, veníamos de una autarquía, en la que prácticamente no había importaciones y el consumidor español se abastecía de lo que producían nuestros agricultores y lo mismo ocurría en cuanto a la patata de siembra. Desde entonces, las superficies dedicadas a este cultivo han ido disminuyendo y también lo han hecho las producciones, aunque éstas en menor proporción, debido al gran incremento en los rendimientos por hectárea que han conseguido los agricultores españoles.
Fernando Alonso Arce. Ingeniero Agrónomo.

El comercio europeo de patata está controlado por los llamados NEPG (North-Western European Potato Growers) compuesto por cinco países: Holanda, Bélgica, Reino Unido, Francia y Alemania.

En los últimos veinticinco años se ha producido un declive continuo en la su­perficie y producciones tanto en Es­pa­ña como en Castilla y León. Sin embargo, se observa también que en Castilla y León los rendimientos obtenidos se han duplicado, lo que dice mucho en favor de los agricultores, que han conseguido obtener unos rendimientos medios comparables a los de cual­quier país de la Europa de los NEPG.

La media española de rendimientos es bastante menor que la de Castilla y León, por la influencia que tiene, por una parte, la patata temprana de Andalucía y Levante y por otra, los bajos rendimientos de la Cornisa Cantábrica.

Aunque el consumo de patata ha ba­ja­do en España de forma considerable hasta los aproximadamente 30 kg por habitante y año actuales, de los cuales unos 22,5 kg son consumidos en fresco y el resto en forma de patata transformada, hemos pasado de ser autosuficientes en este alimento, a tener que importar grandes cantidades.

Hay que resaltar que, según los estudios anuales llevados a cabo por el Mi­nis­te­rio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, hay comunidades como Ga­licia, Asturias y Aragón donde se co­men muchas más patatas que en otras como La Rioja, Extremadura y Castilla y León.

Hay que tener en cuenta que, en 1986, año de nuestra entrada en el Mer­ca­do Común Europeo y en el que no se importaba patata prácticamente, el consumo per capita de patata en España era de 56 kg anuales.

Otro de los factores por los que se importa tanta patata de Francia es atribuible a que la mayoría de las patatas son compradas por la gran distribución que, cu­riosamente, en España es en gran par­te de capital francés. En los lineales de las grandes superficies, lo que encontramos ma­yoritariamente es patata francesa; pa­tata envasada en España, por en­vasadores es­pañoles, pero producida en Francia.

En 2017 se dio la paradoja de que en el mes de septiembre se quedaron sin arrancar muchos campos de pa­tata española, por los bajos precios que rondaban los 0,04 euros/ kg y al mismo tiempo había pa­tata francesa en las estanterías de varias cadenas de distribución.

En la campaña de siembras de 2018 se estima que la superficie dedicada en España al cultivo de patata ha bajado al­re­dedor de un 5% respecto a la de 2017, debido en parte a los bajos precios percibidos la campaña pasada, y también a las adversas condiciones climatológicas en el momento de la plantación en varias zonas.

 


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