Manejo avanzado de la rincosporiosis de la cebada

Para realizar un control eficaz de la rincosporosis en el cultivo de cebada, al igual que ocurre con otras enfermedades en otros cultivos, solemos insistir en la importancia del uso de la Gestión Integrada de Plagas (GIP), mediante el cual se deben utilizar todos los recursos disponibles para el control, y siempre con prioridad de los no químicos ante los químicos. En este artículo se analizan las medidas más adecuadas dentro de la GIP para tener éxito en el control de esta enfermedad.
Jaume Almacellas Gort. Servicio de Sanidad Vegetal. DARP . Generalitat de Cataluña.

Las medidas de control de enfermedades las agrupamos siempre en tres grupos o estrategias:

  1. Las medidas agronómicas, como la fecha de siembra, el manejo del suelo, la fertilización, etc.
  2. El uso de las variedades como fuente de resistencia ante la enfermedad.
  3. Las medidas químicas que permiten el uso racional de los productos fungicidas.

Insistimos siempre en este orden de prioridad en el marco de la GIP, que permite el uso de tratamientos fungicidas cuando las medidas anteriores no son su­ficientes y bajo razonamientos objetivos de su conveniencia.

En el ciclo de la rincosporiosis, las fuentes de inóculo en la semilla de siembra y en los rastrojos y pajas del suelo cultivable son las responsables de iniciar las epidemias. La semilla de siembra infectada es responsable de nuevas introducciones en las parcelas cuando aún no está presente la enfermedad, por lo que recomendamos que para la siembra se use semilla certificada y a poder ser tratada con un fungicida sistémico.

 


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