Hacia una necesaria integración eficaz entre agricultura y apicultura

La situación de las poblaciones de polinizadores naturales y el aumento de las tasas de mortandad en colmenas de abejas domésticas es en la actualidad un motivo de preocupación que ha trascendido del ámbito científico y agronómico para llegar a la opinión pública. La salud de las abejas es un asunto prioritario en el sector, tanto para agricultores y apicultores como para Syngenta y el resto de la industria de protección vegetal, y el número de estudios enfocados a determinar las causas se ha multiplicado en los últimos años.
Germán Canomanuel. Syngenta

Centrándonos en la abeja doméstica, a día de hoy existe un amplio consenso en que los problemas que en general aquejan a sus poblaciones están causados por diversos factores entre los que cabría destacar:

  • Varroa y otros parásitos y depredadores animales (Aethina tumida, Vespa velutina,…)
  • Enfermedades como Nosema cerenae y diversas virosis.
  • Problemas de déficit en la gestión y manejo de las colmenas.
  • Condiciones climáticas adversas: cambios estacionales de temperaturas, disponibilidad de alimento, falta de agua, etc.
  • Procesos de intoxicación ligados al tratamiento y control de Varroa (acaricidas).
  • Intoxicaciones por uso incorrecto de plaguicidas y otros contaminantes agrícolas.
  • Problemas de nutrición debidos a la intensificación de la producción agrícola.

De todas las causas anteriores, las dos últimas están íntimamente relacionadas con la actividad agrícola y en ellas nos vamos a centrar en el presente artículo.

La importancia de los fitosanitarios en la agricultura y su impacto sobre las abejas

Los productos fitosanitarios o plaguicidas son herramientas fundamentales para la producción agrícola. Cuando se produce un ataque de insectos, hongos o las malas hierbas ahogan los cultivos, no queda otra alternativa que tratar. Igual que hace un apicultor cuando tiene una invasión de Varroa. Por supuesto que hay medidas preventivas y la industria fitosanitaria es la primera en defenderlas: rotaciones de cultivo, técnicas culturales, etc. Pero aun así, las plagas atacan y no hay otra solución que luchar directamente contra ellas si no queremos resignarnos a perder gran parte o la totalidad de la cosecha.

Los productos fitosanitarios están sometidos a una rigurosísima evaluación de riesgos antes de que se les conceda la autorización de uso. Este aspecto, que curiosamente es desconocido para una gran parte de la opinión pública, es la garantía de que si los plaguicidas se utilizan siguiendo las indicaciones especificadas en la etiqueta, no se deben producir efectos negativos ni para los agricultores, ni para el medio ambiente ni para los consumidores.

La evaluación de riesgos europea es la más rigurosa del mundo y en estas circunstancias, cuando surgen los problemas es normalmente, porque no se están utilizando debidamente, porque surgen accidentes o situaciones excepcionales o bien porque el avance científico pone en evidencia algo que no se había tenido suficientemente en cuenta, aunque este último aspecto suele quedar cubierto por los altos factores de seguridad empleados. Es más, con frecuencia cuando hay disparidades en los criterios científicos, se establece el principio de precaución, por el que se limita el uso de sustancias basándose únicamente en sospechas.

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