olivo

Estrategia para una correcta fertilización del olivar

La fertilización es una práctica de cultivo importante en la sostenibilidad de las producciones pudiendo asimismo afectar a la calidad del aceite, además de influir en la resistencia del olivo a plagas y enfermedades, a la incidencia de las heladas, etc. Por otra parte, repercute directamente en los costes de cultivo y si no se realiza de manera adecuada, puede llegar a convertirse en un potencial agente contaminante. Aunque en el presente artículo nos vamos a centrar en la aplicación de fertilizantes vía foliar, no queremos dejar pasar algunas consideraciones generales de la fertilización en olivar.
J.C. Hidalgo, A. Leyva, J. Hidalgo, D. Pérez y V. Vega. IFAPA Alameda del Obispo.

La planificación de la fertilización del olivar ha evolucionado en los últimos años, especialmente des­de la puesta en riego de los olivares. Así, la propuesta de abonado habitual de la segunda mitad del siglo XX consistía básicamente en aportes fijos de abono al suelo, con calendarios fijos y carentes de criterios técnicos en la mayoría de las ocasiones. Esta situación ha ido cambiando hacia aplicaciones, tanto al suelo como por vía foliar, que consiguen mejorar la eficiencia en el uso de los fertilizantes.

La puesta en riego trajo asociada nuevos sistemas de aplicación de fertilizantes líquidos a través de la instalación de riego (fertirrigación), lo cual ha supuesto una mejora en la respuesta a la fertilización, fundamentalmente por la mayor eficacia en el aprovechamiento del abono por parte del árbol.

No obstante, conviene recordar que se trata de una práctica compleja en la que se ven implicados múltiples factores. Si no se realiza correctamente se pueden producir aportaciones excesivas de algunos elementos, como el nitrógeno, o bien que no se lleguen cubrir las necesidades del cultivo, como en el caso del potasio.

Una fertilización racional debe optimizar la aplicación de fertilizantes evitando en lo posible los efectos adversos provocados por un exceso de abonado, teniendo siempre en consideración aspectos tan importantes como la capacidad productiva de la plantación, la cuantía y distribución de la pluviometría, la fertilidad del suelo y el estado nutritivo de los olivos, determinantes a la hora de encontrar respuesta productiva.

La capacidad productiva de la plantación es un factor decisivo a la hora de encontrar respuesta al abonado. En olivares con baja productividad las necesidades nutritivas pueden estar cubiertas, totalmente o en un elevado porcentaje de las mismas, por la mineralización de la ma­teria orgánica del suelo, por las aportaciones de nutrientes contenidos en el agua de lluvia y/o de riego y por la riqueza en ele­mentos nutritivos presentes en el complejo de cambio del suelo.

Sin embargo, en olivares con alta capacidad productiva, nor­malmente asociados a plantaciones en re­gadío, las necesidades nutritivas pueden su­perar notablemente la capacidad de abastecimiento del árbol por estos me­dios, y por tanto, comprometer a corto-medio plazo la sostenibilidad de dichos ni­veles productivos.


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