Ensayos de fertirrigación con distintos niveles de salinidad del agua en tomate

El objetivo de este estudio es evaluar la influencia de dos calidades de agua de riego y tres niveles de fertilización con nitrógeno, fósforo y potasio (NPK) aplicados mediante fertirrigación sobre la producción y calidad de los frutos en un cultivo de tomate en invernadero.
Juana Isabel Contreras París y María Luz Segura Pérez. IFAPA La Mojonera (Almería).

En el escenario actual de cambio climático, en el que los recursos hí­dricos son cada vez más escasos y de peor calidad, para conseguir la sostenibilidad de la horticultura intensiva que se desarrolla en el sureste peninsular es necesario la incorporación de recursos hídricos no convencionales para el riego. Entre estos recursos no convencionales destaca por su volumen potencial el agua de mar desalada.

El agua desalada presenta una conductividad eléctrica (CE) muy baja pero un coste más elevado que la convencional debido al proceso de de­sa­lación al que es sometida. Por tanto, una opción interesante es mezclar este recurso nuevo con los convencionales de mayor CE para conseguir una calidad de agua adecuada a cada cultivo con los menores costes para el agricultor.

El tomate es uno de los cultivos hortícolas de mayor importancia en los invernaderos del área mediterránea y el que presenta mayor tolerancia a la salinidad, es­tando clasificado como moderadamente sensible a la salinidad (Ayers y Westcot, 1987).

El estrés salino puede producir una re­ducción de la absorción de nutrientes (Magán et al., 2005) afectando la productividad del cultivo de tomate. Por otra parte, la mayoría de los estudios realizados so­bre tomate muestran que un incremento de la CE de la disolución nutritiva mejora la calidad de fruto de tomate (Contreras et al., 2007; Chapagain y Wiesman, 2004). La calidad del agua adecuada será la que no reduzca la producción pero consiga un aumento de la calidad de fruto.

Un adecuado nivel de nutrientes en el medio puede reducir los efectos salinos, ya que los niveles de fertilización afectan el desarrollo del cultivo de tomate (Guz­mán et al., 2003). El uso eficiente de la técnica de fertirrigación y un mejor conocimiento de las extracciones de nutrientes realizadas por la planta puede ayudar a me­jorar la producción del cultivo (Bar-Yo­sef, 1986).

Bajas concentraciones de nu­trientes pueden reducir la producción de la planta de tomate, al provocar deficiencias nutritivas. De la misma forma, altas concentraciones de nutrientes pueden pro­ducir desequilibrios nutricionales debido a in­teracciones entre nutrientes, originando re­ducciones en la producción (Gra­ttan y Grieve, 1999).

 


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