Correlación entre prácticas de ensilado de maíz y riesgo de micotoxinas

Julia Laurain. Especialista en ForFeed OLMIX
En la dieta de las vacas lecheras, los forrajes son los componentes más importantes representando más del 60% del total de la ingesta diaria de alimento.

Para aumentar los valores nutricionales y digestivos de los forrajes, el ensilado de maíz se utiliza ampliamente en todo el mundo por su calidad nutricional alta y uniforme (1,5 MCal/kg MS en promedio), facilidad de cultivo y altos rendimientos (hasta tres veces más materia seca por hectárea de pasto). Sin embargo, muchos estudios de investigación han observado que el ensilado de maíz es el principal contribuyente a las micotoxinas ingeridas por las vacas.

Una encuesta realizada en 24 granjas holandesas reveló que la ingesta de micotoxinas del forraje ensilado era tres veces mayor que para otros ingredientes alimenticios (Driehuis et al., 2008). Una revisión de literatura concluyó que la cantidad total de micotoxinas del ensilado de maíz es a menudo más alta que las concentraciones máximas permitidas o recomendadas por las autoridades (Ogunade et al., 2018). Contribuyen varios factores en la alta contaminación encontrada en el ensilado de maíz: mayor desarrollo de moho en el tallo y las hojas en comparación con la mazorca, condiciones de cosecha, condiciones de almacenamiento…

El ensilado de maíz está a menudo contaminado por una mezcla de micotoxinas antes y después de la cosecha, dependiendo de la temperatura, actividad del agua (aw), disponibilidad de oxígeno y las condiciones de pH (Coulombe, 1993).

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