Control químico de plagas en alfalfa, situación actual y perspectivas

La superación de los umbrales de tolerancia implica la necesidad de poner en práctica una medida de control que reduzca la población de la plaga a niveles aceptables. En la alfalfa estas medidas de control suelen ser el avance del corte o la aplicación de tratamientos insecticidas. El presente artículo se focaliza en este último método de control.
Xavier Pons. Universidad de Lleida. Dpto. de Producción Vegetal y Ciencia Forestal.

La Directiva Europea 128/2008 y su correspondiente transposición a la legislación española a través del Real Decreto 1311/2012 de Uso Sostenible de Productos Fito­sani­ta­rios han hecho cambiar la manera de en­focar el control de los agentes que cau­san pérdidas económicas a los cultivos. En esas normativas se indica que las plagas de los cultivos agrícolas deben manejarse mediante la gestión integrada.

La gestión integrada o control integrado, se basa en diversos principios:

  1. La identificación y el conocimiento de la biología y ecología del organismo causante de pérdidas económicas y de los factores naturales (bióticos y abióticos) que regulan sus poblaciones.
  2. El uso de los umbrales de tolerancia.
  3. El conocimiento de los métodos de control disponibles, cómo y cuándo pueden aplicarse, cómo pueden complementarse entre ellos y cuáles son los riesgos de su empleo.
  4. Los pesticidas son el último recurso de control y antes de emplearlos se deben explorar otras alternativas, principalmente aquellas relacionadas con los métodos naturales como el control biológico o el control cultural.

A pesar de que la normativa española utili­za el término “plaga” como genérico de organismo causante de pérdidas económicas, el lenguaje técnico y científico distingue entre:

  • Plagas propiamente dichas (cuando el causante es un herbívoro, normalmente un insecto o un áca­ro).
  • En­fer­medades (cuando el agente es un hon­go, una bacteria, un virus, un ne­matodo u otro organismo pa­tógeno obli­gado).
  • Malas hierbas (cuando ha­blamos de plantas que compiten por los recursos nu­tricionales). En este artículo nos referiremos exclusivamente a plagas y no a en­fermedades o malas hierbas.

La alfalfa es un cultivo plurianual muy tradicional de las zonas de regadío y su aprovechamiento es fundamentalmente forrajero. El forraje de alfalfa se consigue mediante cortes periódicos de su masa vegetativa y posteriormente se procesa y comercializa en forma de heno en pacas deshidratadas, de pellets, ensilado, etc.

A pesar de los cortes para la cosecha, la plurianualidad del cultivo hace de la alfalfa un hábitat bastante estable si se compara con los cultivos anuales. Debido a ello, el número de especies de artrópodos (insectos y ácaros) que habitan en la alfalfa es elevado.

Sin embargo, únicamente unas pocas especies pueden alcanzar la condición de plaga con cierta regularidad. Estas son: la cuca negra (Colaspidema atrum), el gu­sa­no verde (Hypera postica), los pulgones (donde cabe distinguir entre el pulgón verde o Acyrthosiphon pisum, el pulgón negro o Aphis craccivora y el pulgón amarillo o Therioaphis trifolii), las orugas defoliadoras (principalmente orugas de lepidópteros de las familias Noctuidae y Crambidae) y el apion (Apion sp.).

La normativa española indica que las fincas con más de 5 hectáreas de alfalfa deben estar gestionadas mediante el manejo integrado de plagas y deben tener el soporte de un asesor quien deberá dar las directrices y las recomendaciones de control.

 


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