Agua de mar desalinizada para riego en los invernaderos de Almería

En este trabajo se han analizado las diferencias de productividad agronómica y económica de los cultivos de tomate, sandía, pimiento y calabacín, en función del uso de agua de pozo frente a agua desalada, en el tipo de explotación generalizada en la zona: invernadero Almería y suelo arenado. Ha sido rentable utilizar agua desalada para el riego, puesto que ha provocado aumentos de producción, mejorando además la uniformidad en los parámetros de calidad de los frutos.­
D.L. Valera, P. Marín, F. Camacho, L.J. Belmonte, F.D. Molina-Aiz, A. López. Centro de Investigación CIAIMBITAL, Universidad de Almería.

Está perfectamente documentado que los invernaderos de Almería son desde hace décadas el auténtico motor del desarrollo socioeconómico y demográfico de muchas zonas como el sureste de España.

Por ejemplo, en Almería las producciones y el valor de las mismas reflejan, campaña tras campaña, ser el núcleo central de la economía provincial. Además, las 31.034 ha invernadas (Junta de Andalucía, 2017) producen anualmente 3.286.385 toneladas de frutas y hortalizas, generando una producción fi­nal agraria de 1.982 millones de euros; con un marcado carácter exportador (76,2%) (Cajamar, 2017) que aporta la may­or cuota al comercio internacional agroalimentario de Andalucía (España).

El modelo Almería está basado en la agricultura familiar, es un caso de éxito y re­parto de la riqueza al que miran desde mu­chas partes del mundo. Es sostenible, tiene una gestión eficiente de insumos y re­cursos naturales, posee una incomparable salubridad con un uso generalizado del control biológico en más de 26.000 ha y una pujanza de la agricultura ecológica. No obstante, los invernaderos de Almería tienen problemas acuciantes como son: la presión a la baja de los precios de las frutas y hortalizas, el agua y la gestión de los residuos. En este trabajo nos centraremos en el segundo de ellos.

Almería es una de las zonas más áridas de Europa, situación que se está agravando por el cambio climático. Posee un cli­ma mediterráneo semi-árido, con pre­cipi­taciones medias variables y muy escasas, inferiores a 250 mm, lo que le confiere caracter de clima subdesértico.

La eficiencia en el uso del agua en los invernaderos de Almería es muy elevada, no obstante, el consumo me­dio anual por hectárea se aproxima a los 5.000 m3, de los cuales el 80% provienen del subsuelo, lo que provoca un déficit hídrico anual de unos 170 hm3. Se ha producido un aumento de la presión sobre los recursos hídricos, provocando un déficit creciente que ha generado problemas de bajada notable del nivel freático y salinización de los acuí­feros.

Sería muy oportuno analizar la po­sibilidad de realizar trasvases de re­­servorios cercanos, como la Presa de Rules, y maximizar el uso de los ya existentes, por ejemplo, el procedente del Pantano Benínar; no obstante, a día de hoy, la sostenibilidad de los re­cursos hídricos de la zona pasa por el uso de aguas desaladas, regeneradas y de escorrentía.

De estos últimos re­cursos, destaca el agua de mar de­salinizada por el volumen disponible en Almería. La desalación es una fuen­te inagotable que proporciona agua con garantía de suministro en can­tidad y calidad suficiente e independientemente de la climatología (Magrama, 2015), pero a un precio muy elevado, 0,53 €/m3 en el Campo de Níjar (Almería), muy superior a los 0,10 €/m3 que pagan los agricultores del río Adra en la misma provincia; fac­tor clave que ha provocado que la de­­manda de agua desalada por los agricultores no sea la esperada.

En este sentido, en 2018 se está produciendo una gran movilización social por parte de los agricultores de la zona para reclamar un precio más razonable del agua de mar desalinizada para riego, que podría rondar los 0,30 €/m3.

España es el primer país de Eu­ro­pa y tercero del mundo en capacidad instalada de agua desalada, siendo pionero en la gestión de este recurso y en la op­timización de los procedimientos de explotación de las desaladoras (Magrama, 2015).

Ac­tualmente Almería cuenta con dos grandes plantas desaladoras que pueden contribuir notablemente a disminuir el déficit hídrico de la zona y a recuperar los acuíferos. La planta de­saladora de Carboneras tiene una capacidad de distribución anual de 42 hm3 (ampliable al doble) y la planta desaladora de Campo de Dalías de 30,1 hm3; abasteciendo de agua desalada a las dos principales comarcas agrícolas de la zona.

Las nuevas instalaciones han mejorado sustancialmente su consumo de energía específico, pero sigue siendo muy elevado, por ejemplo, es de 4 kWh/m3 en la recientemente inaugurada planta desa­la­dora de Campo de Dalías.

En un horizonte de tiempo cercano, confiamos que, con la mejora de la tecnología y la incorporación de energías renovables, pueda reducirse considerablemente el consumo de energía específico necesario para la desalinización.

Por otro lado, la respuesta de los cultivos al incremento de la salinidad ha sido caracterizada en numerosos estudios, fundamentalmente para tomate, en cultivos sin suelo en invernaderos tecnificados con sistemas activos de control climático (Magán et al. 2008). Condicionantes totalmente contrarios a los mayoritarios en los invernaderos de Almería, donde el cultivo fundamental sí que es el tomate, pero las estructuras son de bajo coste y poco tecnificadas (94,3%) y sólo el 20,4% de la su­perficie invernada se corresponde con cultivos sin suelo (Valera et al., 2016).

Por todo ello, el objetivo de este trabajo ha sido analizar las diferencias de productividad agronómica y económica de los cultivos más extendidos en la zona de in­vernaderos de Almería con mayor implantación de agua de mar desalinizada para riego (Campo de Níjar), en función del uso de agua de pozo frente a agua de­sa­lada, en el tipo de explotación generalizada en la zona: invernadero Al­me­ría y suelo arenado.


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