El olivar se ahoga en aceite. Vidal Maté

Por Vidal Maté
El sector del aceite de oliva en su conjunto, 2,7 millones de hectáreas, aunque muy especialmente el más tradicional no intensivo, está sufriendo una  de sus crisis más graves  con un hundimiento  de los precios en origen consecuencia de un stock récord de 750.000 toneladas a inicio de campaña, un incremento discreto de las ventas en  el mercado  interior, las exportaciones a la baja por la aplicación de los aranceles Trump, más importaciones  y la ineficiencia de las medidas de apoyo comunitarias.

El bajo precio pagado por la aceituna no cubre hoy  los costes de recogida en  los olivares de bajos rendimientos en secano, por lo que, en algunos casos, se podrían quedar en los árboles. Muchas cooperativas no tienen sitio para el  almacenamiento del aceite nuevo ante la existencia de aceite de  la campaña anterior en los depósitos a pesar de que la campaña actual  puede cerrar solo en poco más de 1,1 millones de toneladas frente a unas previsiones  iniciales de 1,3  millones.

La aplicación de un arancel del 25% solo a los aceites de oliva españoles envasados afecta a unas 60.000 de las 120.000 toneladas  que exportaba  España directamente a ese país, volumen al que se sumarían otras más de 70.000 toneladas que  llegaban vía empresas italianas y envasadas en  Italia. Además, el hecho de que  sea necesario  importar aceite de otros países para  poder exportar sin  ese arancel, está obligando a las  industrias a la importación, especialmente de Portugal, en lugar de hacer las compras en  España.

En conjunto, desde la patronal de los exportadores se estima que la medida afectaría a unas 150.000 toneladas que en condiciones normales  saldrían  al exterior y que, con el nuevo escenario se quedan en  origen. En el mes de diciembre ya se ha reflejado  este cambio en  los mercados con unas importaciones récord de unas 20.000 toneladas  y una caída de las ventas en el exterior  desde las más de 100.000 toneladas en octubre a las 70.000 de diciembre.

Desde la parte industrial se estima que si esta situación se prolongara, empresas españolas  o ubicadas hoy en España con plantas ya en otros países, podrían optar por deslocalizar total definitivamente su actividad y operar desde  otras latitudes  de cara al mercado norteamericano. Por el momento, las empresas  han optado, en unos caso por exportar  a granel  y envasarlo en Estados Unidos,  fundamentalmente quienes disponen allí de  instalaciones propias o asociadas como Dcoop y en otros por importar aceite  en España para envasarlo indicando  su procedencia no  española como Acesur. Borges envasaría en suplanta de Túnez. La portuguesa Sovena, con planta en Sevilla, es la que lo tiene más sencillo con aceite portugués  y planta de envasado en Estados Unidos.

Si la decisión norteamericana no había  complicado ya la actividad en el sector, Bruselas no ha contribuido a solucionar las cosas. La Unión Europea apostó por el almacenamiento privado con ayudas comunitarias para aligerar los  mercados y mejorar los precios. Parece que Bruselas prometió actuar  con la retirada de más de 150.000 toneladas. En los últimos meses,  a pesar de las promesas, en dos licitaciones se ha dado luz verde solo para almacenar poco más de 21.000 toneladas. Se espera que ese volumen aumente en la tercera licitación a finales de este mes tras las gestiones llevada a cabo en las últimas semanas por altos cargos del Ministerio de Agricultura en Bruselas.

Con esta postura, la UE es igualmente responsable de la situación del el sector al no haber corregido la ruptura del mercado del aceite en la UE provocada por la decisión de Trump de aplicar solo aranceles al aceite español.

Desde el sector se estima que la postura de Bruselas es una ruina para  los olivareros, pero por no actuar ahora, también puede suponer  un mayor coste para la propia Comisión, empeñada hoy en ahorrar fondos. Actualmente los precios medios  se sitúan en 2,1 euros para un virgen extra, 1,75 euros para un aceite virgen y 1,67 euros para un tipo lampante. Si los precios siguen cayendo  y llegan a los niveles de 1,52 euros para un tipo lampante, de 1,77 para un virgen extra y de 1,71 para un virgen, Bruselas  deberá abrir sin licitaciones la medida de almacenamiento con un mayor coste para las arcas comunitarias.

Los bajos precios en origen se  han trasladado en parte muy importante al consumidor final con ofertas  litro  a menos  de tres euros para un virgen extras, lo que se espera suponga al menos un aumento de la demanda interior y con ello  reducir excedentes.

Datos manejados en el sector señalan que hay cooperativas que tienen un 30% de su capacidad de almacenamiento  ocupada por aceite viejo y no pueden  recibir todo el nuevo, lo que  obliga en muchos casos a vender a cualquier precio. Antonio  Luque, primer ejecutivo de la cooperativa Dcoop, señala la necesidad de que el sector  esté más organizado y se aumente su capacidad de almacenamiento para  cuando la producción sea de dos millones  de toneladas a la vista de la progresiva entrada  en la producción de nuevas superficies intensivas de altos  rendimientos. Hoy, con los actuales mimbres del mercado, una próxima gran cosecha, a la vista de cómo están los árboles, si llueve en primavera, agravaría más las cosas.

A futuro, con  la posibilidad de importantes aumentos en la producción  y la estabilidad  histórica de la demanda interior en el entorno de las 540.000 toneladas, en el mejor de los casos, la salida solo pasa por la apertura de nuevos mercados, lo que requiere más fondos de promoción para llegar más  a países como Estados Unidos, cuando acabe la guerra de los aranceles y a más países.

Y, en contra de ello, en medios industriales  señalan que, además  de los aranceles Trump,  ha jugado en contra de la expansión del aceite en el mundo, la poca estabilidad de los precios en origen,  desde los cuatro euros a las  cotizaciones actúales, lo que frena la demanda de nuevos consumidores en esos países que no asumen  tanta oscilación en los precios.

La  política de autorregulación que se  iniciará esta  campaña para ajustar la oferta  a la demanda,  se mantiene  como una incógnita donde las cooperativas tienen la  posibilidad de jugar un papel protagonista en la regulación en los mercados. La existencia de una campaña actual a la baja  de solo 1,1  millones de toneladas  frente a una media  de 1,4  millones de toneladas, debería haber sido un factor para ajustar  los mercados y no se ha producido. La gestión de la oferta del aceite  frente a las  industrias y todo tipo de operadores es una asignatura pendiente del sector cooperativo como dominante de la producción.

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