Retos de la fertilización de la nueva citricultura valenciana

En un contexto integral de desarrollo de una agricultura sostenible es condición imprescindible mejorar la eficiencia de utilización de los recursos involucrados, basándose en un equilibrio en el sistema cultivo-suelo-agua-atmósfera que permita mejorar la producción y calidad de las plantaciones agrarias preservando, a la vez, el medio ambiente. Este objetivo requiere para su viabilidad de un amplio desarrollo científico-tecnológico que, en el contexto de las técnicas agrarias, y más concretamente de la fertilización, permita el establecimiento de unas pautas de fertilización adaptadas a las especies y variedades cultivadas y a las condiciones en las que se desarrollen las plantas.
Ana Quiñones, Isabel Rodríguez-Carretero, Ana Pérez, Rodolfo Canet. Centro para el Desarrollo de la Agricultura Sostenible. Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, Moncada (Valencia).

En este sentido y a pesar de la enorme importancia de los cítri­cos en la agricultura va­lenciana (nuestra comunidad es la prin­cipal región citrícola a nivel nacional, tan­to por la superficie dedicada a este cultivo –aproximadamente 182.000 hectáreas, cerca del 60% del total nacional–, como por su pro­ducción –más de 3 millones de toneladas anuales, casi un 60% de la producción nacional–) existe un claro envejecimiento de los criterios técnicos bajo los cuales se rige el cultivo en cuanto a su fertilización, así como no­tables lagunas de conocimiento técnico en relación a las nuevas formas de manejo ecológico.

Esto está dando lugar a serios problemas de ineficiencia en la producción y producciones subóptimas en cuanto a calidad y volumen, con las consiguientes reducciones del beneficio económico.

Uno de los principales retos que deben abordarse desde el punto de vista de la fertilización radica en que independientemente de su manejo (convencional o ecológico), en los últimos años la citricultura valenciana ha visto como su mapa varietal se ha ampliado muy notablemente, con nuevas variedades tempranas y tardías, especialmente de mandarino, en la búsqueda de un calendario de oferta que a día de hoy ocupa las dos terceras partes del año.

Sin embargo, las prácticas agrarias y, entre ellas, las pautas de fertilización, diseñadas a principios de los 90, no se han ido adaptando ni renovando a este nuevo marco varietal, que podría presentar grandes diferencias en cuanto a requerimientos nutricionales (cantidad anual y época) frente al tradicional.

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