La patronal cárnica cierra filas sobre la seguridad y calidad de los productos cárnicos españoles

La Asociación Nacional de Industrias de la Carne (ANICE) cerró filas en una rueda de prensa sobre los elevados estándares de seguridad y calidad, en cumplimiento de las estrictas normativas europeas y nacionales, a que se  someten la producción cárnica en nuestro país.

Y, en este sentido, quiso trasladar a los consumidores y a la sociedad en general tranquilidad y confianza en el sistema de control de los alimentos de la Unión Europea, que es uno de los más avanzados del mundo.

El secretario de la patronal empresarial cárnica, Miguel Huerta, que mostró antes que nada su solidaridad y apoyo a las personas afectadas por el brote de  listeriosis  en la carne mechada de la empresa Magrudis en agosto, principalmente en Andalucía, hizo referencia a los estrictos procesos y controles a los que se somete la producción de carne y sus derivados, pese a constatar la gravedad del  caso -más de 200 afectados- y la alarma social generada entre los consumidores, que ha llevado a que la demanda de este procesado cárnico se haya reducido más de un 60% desde entonces, aunque no se ha notado en el consumo de carne o de otros productos derivados.

Huerta destacó también que, en este caso concreto de la carne mechada,  al ser sometido el producto a un proceso de calor (muy por encima de los 80ºC), si hubiera habido listeria en la materia prima, ésta hubiera quedado eliminada y, por tanto, el fallo en la cadena ha sido posterior.

Sin descartar emprender acciones judiciales contra la empresa citada, que no es socio de ANICE,  Huerta afirmó que parece claro que en el inicio y expansión del brote de listeriosis hubo negligencia por fallo en alguna de las fases del proceso de transformación , manipulado y envasado de este  alimento y en la verificación de los sistemas de autocontrol de la empresa andaluza por parte de la autoridad competente (en este caso, el Ayuntamiento de Sevilla).

Por su parte, la presidenta del grupo de Comunicación de ANICE, Leonor Saiz, afirmó que las empresas cárnicas son las responsables y las primeras interesadas en la seguridad de los alimentos, y para ello aplican con rigor los controles sanitarios establecidos. Tienen implantados sistemas de autocontrol, basados en principios rigurosos y científicamente avalados, que incluyen el análisis de los riesgos y el control de los puntos críticos del proceso de fabricación (sistema de ARCPC), con un registro documental sistemático de todos los procesos y procedimientos llevados a cabo.

Esos registros documentales permiten a las autoridades sanitarias mantener un control permanente sobre la actividad de cada empresa y,  en base a los resultados de estos, se valora el desempeño de las empresas y se adoptan decisiones.

Además, parte esencial de este sistema es la trazabilidad, que permite conocer el origen de las materias primas y el destino de los productos elaborados, lo que agiliza la retirada de producto del mercado cuando resulta necesario.

En cualquier situación de crisis, añadió Leonor Saiz, «todos los integrantes de la cadena han de hacer autocrítica para que no vuelva a ocurrir un brote, como el actual y, si hace falta, estar dispuesto a cambiar la legislación para reforzar los sistemas de autocontrol y verificación.»

Saiz reiteró el rechazo de la patronal cárnica al incumplimiento de las leyes y a la falta de control por parte de cualquier operador, insistiendo en la necesidad de informar con rigurosidad a los consumidores, para evitar alarmas innecesarias y el posible daño a las más de 3.000 empresas y 100.000 trabajadores, que forman este sector y que trabajan de forma honrada, transparente y responsable para ofrecer a los consumidores sus mejores productos.

El hecho de que España, por ejemplo, sea el tercer exportador mundial de carne y derivados del porcino, es indicativo de que el sector productor y nuestras industrias de transformación trabajan bien en el ámbito de la seguridad y control de estos alimentos.

Riesgo cero

Por su parte, David Rodríguez Lázaro, profesor y director del Área de Microbiología de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Burgos, explicó los sistemas de seguridad que se llevan a cabo para evitar la contaminación por listeria, señalando que se trata de «uno de los mayores quebraderos de cabeza de la industria alimentaria en general, porque  se expande en condiciones extremas, resiste al frío, en concentraciones medias de sal, en ph ácidos, siendo capaz de generar biopelículas que impiden su eliminación mediante el contacto con un agente desinfectante o detergente».

Además, recalcó que el «riesgo cero» en seguridad alimentaria es imposible de lograr, pero que, no obstante, el nivel de seguridad alimentaria actual en España es el más alto que hemos tenido nunca. Asimismo, explicó que aún es pronto para sacar conclusiones sobre cómo se produjo el brote de listeria en la empresa andaluza, teniéndose que esperar a que la crisis finalice por completo y se cuente con todos los datos al respecto.

Rodríguez Lázaro defendió la necesidad de que las empresas cárnicas y alimentarias en general deben ser proactivas, más que reactivas en materia de seguridad microbiológica, siendo más importante que sean estrictas en el control de calidad de la materia prima que llega a la fábrica y de los procesos de producción, que en el análisis posterior de todos los lotes de productos transformados que salgan de la misma.

Por último, Fernando Móner, presidente de la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) explicó que los consumidores pueden mantener la confianza en los productos cárnicos que se producen en España, y lo que debemos seguir haciendo, de manera conjunta todos los eslabones de la cadena alimentaria, es continuar en la mejora de los procesos y controles que permitan reducir (lo más cercano al riesgo 0) cualquier incidencia como las ocurridas en estas últimas semanas.

Desde esta asociación se quiso dejar constancia de que, a pesar de la gravedad de este asunto lamentable y de la alarma social generada entre los consumidores,  se trata de casos puntuales y aislados, que no pueden extrapolarse al conjunto del sector, a su trayectoria de buen hacer y a su historial de elaboración de productos seguros y de calidad.

ANICE recordó también que elaboró una Guía para la implantación de programas de control frente a Listeria monocytogenes y que las empresas deben desarrollar una cultura propia contra la citada bacteria, que se concreta en un programa específico de control.

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