La ciudadanía demanda certidumbres

Por Jaime Lamo de Espinosa, director de Vida Rural.

La ciudadanía demanda certidumbres

La borrasca, con la nieve y el hielo, ha dejado dañados cientos de pueblos y aldeas, así como los campos, las hortalizas de invierno, las frutas, los cítricos, el olivar pendiente de cosechar, etc., los invernaderos que han visto como la nieve arrasaba sus estructuras así como muchas explotaciones ganaderas que, además, ven cómo crecen los precios de los cereales-pienso que son una parte sustancial de sus costes. Son millones de euros de pérdidas.

Querido lector:

Tras unas Navidades absolutamente atípicas, nunca conocidas, nos llegan las nieves y siempre que esto ocurre se recuerda aquel refrán de “año de nieves, año de bienes”. Pero al comenzar el año hay que decir “¡Muy feliz año nuevo!” ¿Será posible? Acabamos el año 2020 dominados por la pandemia e iniciamos este, 2021, camino del pico de la tercera ola y bajo el brutal mandato de la borrasca Filomena y sus duras consecuencias. El número de contagios y de muertes crece al máximo y nos sitúa como país en muy mala posición relativa respecto a otros europeos de nuestro entorno. Y ello pese al confinamiento forzado que la nieve nos ha impuesto. Y cuando creíamos que una muy rápida va­cunación amortiguaría pronto los males sanitarios y económicos del pasado tampoco ha sido así. La vacunación no avanza al ritmo requerido. Entramos así en un año dominado por un panorama lleno de in­certidumbres, no pequeñas y de todo tipo. Pero no todas ellas nacen bajo un sig­no negativo.

Empecemos por el principio. La pandemia, los confinamientos voluntarios, los cierres de establecimientos de toda índole, más ERTEs, turismo y restauración en caída libre, desempleo juvenil creciente, también las cifras de paro, peores previsiones del PIB, la deuda y el déficit, etc., etc. La OCDE sitúa a España como la peor gran economía del mundo desarrollado en diciembre. Y el BCE nos advierte que el agujero fiscal del Covid en España será el mayor de la Eurozona y el cuarto país con mayor volumen de deuda pública, superando a Francia y a Bélgica. No son buenos augurios. Pero si el Covid se aleja la economía tomará un rumbo más positivo.

A estos hechos se añaden otras cuestiones, unas de índole nacional y otras de­rivadas de sucesos internacionales, que obligan a mirar este año con cautela, con mucha prudencia. A la pandemia, los da­ños sufridos por núcleos rurales y por los productos del campo, los efectos del virus y la borrasca sobre la España vaciada, se añaden los indirectos derivados de los problemas de competencia exterior fruto del Brexit y lo que nos pueda acarrear los cambios que la administración Biden ge­nere en EE.UU…, son cuestiones no me­no­res sobre las que hay que reflexionar un tanto y estar atentos todo el año.

En materia de pandemia las cifras de contagios y muertes no han hecho sino crecer desde mi última Carta de diciembre, de modo alarmante. La vacunación va muy lenta. En los quince primeros días de enero se vacunaron 768.000 personas, ritmo que nos llevaría a necesitar 117 semanas para va­cunar toda la población, es decir, unos dos años. No puede ser. Hay que apelar al sector privado asegurador de salud para añadir sus efectivos a los públicos. Solo una vacunación masiva puede cambiar el rumbo de nuestra economía.

Por otro lado, la borrasca, con la nieve y el hielo, ha dejado dañados cientos de pueblos y aldeas, así como los campos, las hortalizas de invierno, las frutas, los cítricos, el olivar pendiente de cosechar, etc., los invernaderos que han visto como la nieve arrasaba sus estructuras así como muchas explotaciones ganaderas que, además, ven cómo crecen los precios de los cereales-pienso que son una parte sustancial de sus costes. Son millones de euros de pérdidas. ¿Serán objeto de compensación por vía aseguradora? ¿Habrá que declarar zonas catastróficas muchas de tales áreas e industrias para que puedan ser reactivadas en breve plazo? ¿Abandonarán dominados por el pesimismo y su elevada edad, muchos agricultores o ganaderos su actividad ante la letalidad de este estrago?

Y no olvidemos que al igual que ocurrió con los primeros confinamientos del Covid-19 –la primera ola de marzo pasado–, el campo, los agricultores y ganaderos y el mundo rural se han movilizado durante Fi­lo­mena. Han mantenido abastecidas las ciudades, el mundo urbanita y han colaborado con sus tractores y equipos a la limpieza de caminos, carreteras y calles. Habrá que tomar en consideración tal reacción y tal ejemplo de responsabilidad para llevarles la ayuda que precisan. Ellos lo han he­cho durante toda la pandemia y durante este último mes. No ha habido desabastecimiento alguno. Y están sufriendo caídas de precios, en muchos casos, por el cierre y las menores ventas de restaurantes, bares, etc. Y si en otros casos están viendo crecer algunos precios es porque han perdido buena parte de sus cosechas.

Al tiempo, muchos núcleos semivacíos de la España celtibérica, han visto limitada una de sus actividades económicas rentable, sus ingresos por la caza, al ha­berse prohibido ésta en zonas de parques nacionales. El Gobierno tendrá que abonar a los afectados unos 320 millones de euros pero eso no llenará los campos, seguramente ayudará a su vaciamiento, a su abandono para ir a otros lugares. Hos­te­leros, casas rurales, comerciantes, y toda la industria auxiliar de la caza sufrirán por ello. Y la caza genera unos 6.500 millones de euros al año y da –daba– trabajo a más de 190.000 personas. Los guardas privados de esas fincas perderán sus trabajos y ha­brá menos empleos en toda la cadena de valor. Un error, un gran error.

Es verdad que están apareciendo los neo-rurales, las gentes que llegan a esos núcleos procedentes de las grandes capitales, para instalarse más lejos del Covid y organizarse mediante el teletrabajo. Pero esto no es suficiente ni se sabe cuánto tiem­po durará.

Y también nos llega desde la UE el nuevo Fondo de Recuperación “Next Ge­ne­ration EU” que nos permitirá recibir hasta 140.000 millones de euros para llevar a cabo inversiones estratégicas en nuestro país durante estos próximos seis años, equivalente al 11% del Producto In­terior Bruto (PIB) de 2019. Los recursos se canalizarán a través de FRR, y el REACT-EU. Es un tema importante y positivo a seguir porque no se pueden perder y son muy adecuados para los retos de la digitalización y la sostenibilidad del SAA. Pero como ha señalado, con pleno acierto, el Instituto de Ingeniería de España (IIE), el Trílogo ha eliminado dos artículos de la re­gulación de los Fondos Europeos lo que afecta muy negativamente a las políticas contra la despoblación que se pretenden impulsar, por lo que debería ser reconsiderado. Una muy oportuna advertencia de los ingenieros.

Y si ahora, miramos hacia el exterior tampoco nos llegan desde fuera noticias tranquilizadoras. Se consuma el Brexit con su larga lista de consecuencias, pese a no ser el Brexit duro, se acepta un status para Gibraltar absolutamente controvertido (ver J.M. García Margallo, ABC, Tercera, 20/01/2021) y cambian las reglas que regulan las relaciones comerciales entre el Reino Unido y la Unión aduanera europea. (Afortunadamente parece que la pesca, tema crucial en esta negociación ha salido bien parada). Pero no nos engañemos, “to­dos los europeos perdemos con esta consumación del Brexit” (José M. de Areilza, ABC, 26/12/2020).

Los movimientos de mercancías tras-mancha no son ya iguales. Nada menos que un documento de 1.450 páginas regula ya esta materia. Aunque las dos partes se obligan a garantizar la competencia leal, los derechos so­ciales y la lucha por el cambio climático. Pero los exportadores –sobre todo Francia, España e Italia– deberemos someternos a las formalidades aduaneras del país im­portador. “Un caos burocrático” es la nueva y alta burocracia en los puertos. Y allí en­contraremos seguramente la competencia de otros países terceros con los que se acuerden reglas más favorables. Ma­rrue­cos y el norte de África podrían ser los países más favorecidos. La huerta marroquí avanzará sobre el Reino Unido a costa de España. Es un riesgo. El nuevo acuerdo firmado por Reino Unido con Marruecos fa­vorecerá grandemente las exportaciones hortofrutícolas entre ambos países. Y eso nos ocurre en el Año Internacional de las Frutas y Verduras.

En otra área, se cierra la etapa Trump en EE.UU, en medio de otro impeachement y con disturbios de grandes proporciones. El nuevo presidente, Joe Biden, llega obligado a cambiar en los primeros cien días muchas disposiciones de su predecesor. Eso podría tal vez ayudar a acabar con el famoso problema de las tasas aduaneras que tanto nos han perjudicado en los sectores de aceituna, aceite de oliva, vi­nos, etc. Ojalá aquí encontremos un alivio.

En definitiva: comenzamos el año llenos de incertidumbres y con malas perspectivas, en principio. Tan solo la confianza en que una vacunación más rápida y masiva nos aleje pronto del virus nos permite abrigar esperanzas de cara al futuro. Y en todo caso algunos –Ranstad– predicen que en 2021 los sectores agrario, logística e industria manufacturera ge­nerarán la mitad de los contratos que se creen.
El sector agrario, en particular, debería salir este año beneficiado por estas nieves y hielo que llenan de agua los embalses, las tierras y favorecen las cosechas de cereales, vid, olivar, almendros, etc. “Bue­na es la nieve si en enero viene”, “Año que entra helando, mucho pan viene anunciando”. Confiemos, pues, en que las incertidumbres de hoy se vayan convirtiendo, poco a poco, en certidumbres positivas se­gún avancen los meses.

Por todo ello y por mucho más el Rey Felipe VI acaba de advertir (20/01/2021) que “la ciudadanía demanda certidumbres”. Tiene razón. Ojalá sea así y pronto.

Un cordial saludo

 

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