Gallinas con los huevos bien puestos

Durante estas últimas semanas ha habido cierta eclosión informativa sobre la intención de algunas grandes cadenas de distribución, caso de LiDL u otras, de vender solo huevos de gallinas criadas en libertad a sus clientes.

 Alfredo López. Coordinador Editorial de AgroNegocios.

El culmen informativo llegó con las declaraciones del ministro de Agricultura galo, Stéphane Traver, que afirmó que  “a partir de 2022 todos los huevos frescos vendidos en Francia procederán de gallinas que vivan al aire libre y no encerradas en jaulas en batería, industriales.”

En otro términos, el compromiso francés solo permitirá que se vendan huevos de la categoría 3 (los de gallinas en jaulas enriquecidas o acondicionadas en una superficie mínima de 750 cm2 por ave) a la industria transformadora, pero no a los consumidores individuales.

Nada hay en contra de la libertad de elección de los consumidores a la hora de escoger en su compra la categoría, el tamaño y hasta el color de los huevos, alimento básico -y de reclamo también- donde los haya, y a pagar por ellos lo que pidan y lo que puedan o quieran pagar. Allá cada cual.

La realidad, sin embargo, es que si todo esto se extiende como una mancha de aceite podría suponer un riesgo de que hubiese problemas puntuales de suministro  (oferta insuficiente, PVP por las nubes) y también un auténtico reto para un sector productor, que ya tuvo que afrontar fuertes inversiones para cumplir con las exigentes normativas de bienestar animal dela UE en el año 2012.

Al parecer, el 90% de los franceses  apoyan la medida de prohibir las jaulas en batería en la producción (industrial e intensiva) de huevos, incluso aunque ello suponga tener que pagarlos mucho más caros. No obstante, Francia, primer productor comunitario de huevos, con un 13% del total, los produce en un 70% en jaulas en batería, con lo que el cambio se antoja “brutal”.

A nivel mundial, un 60% de la producción mundial de huevos procede de la cría de gallinas en esas “jaulas de tortura”, como las llaman las organizaciones de defensa animal, y en España casi un 93% de la producción de huevos se consigue de esta manera, así que el reto para impulsar la avicultura alternativa podría ser de órdago.

En cifras del Ministerio de Agricultura de 2016, de un censo de 43,61 millones de gallinas ponedoras en España, unos 40,53 millones utilizan el sistema de cria en jaula;  otro 2,4% y 1.053.315 gallinas son de cría de suelo (huevos producidos en granjas, con las aves sueltas en gallineros con el equipamiento necesario y con al menos 750 cm2 de superficie por ave); otro 4%, aunque en aumento, con 1.756.462 gallinas, son de cría en campo (los camperos, producidos en granjas con gallineros que tienen acceso a parques durante el día, cubiertos de vegetación, con 4m2 de superficie mínima por ave), y el 0,6% restante, con una cabaña de 267.276 gallinas, utiliza un sistema de cría ecológico (granjas autorizadas, con alimentación basada en materias primas procedentes de la agricultura ecológica).

Seguramente, como sucede en otras ocasiones, es probable que el número de efectivos de la avicultura alternativa siga en aumento. Eso en sí nunca podrá considerarse negativo, siempre que no sea una imposición legal de obligado cumplimiento. Podría, incluso, constituir una oportunidad real de empleo en el medio rural.

Con todo, llegar al 52,8% de avicultura alternativa de puesta sobre el total que ostenta -y lidera en la UE hasta ahora- Reino Unido, con un censo de casi 42,2 millones de gallinas, de las que 22,3 millones producen huevos de gallinas no criadas en jaulas, no es un cambio baladí, que pueda hacerse de la noche a la mañana. Habrá, por tanto,  que ir poco a poco, y será finalmente el consumidor, que es el que paga y manda, el que decida sobre la velocidad de este tránsito.

El dato

China impulsa la compra de tierras en Sudamérica

China sigue intensificando la adquisición de tierras cultivables por el mundo. El foco está puesto ahora en países sudamericanos, como Argentina, Brasil y Chile, que registran inversiones del gigante chino en sus campos de cultivo de cereales, soja y frutales y en haciendas ganaderas.

Con una quinta parte de la población mundial, China cuenta solo con el 10% de las tierras arables disponibles en el mundo que, además, “sufren” de  contaminación endémica por excesivo uso de fertilizantes químicos y se ven afectadas también por los efectos de la urbanización y el cambio climático. Desde 2010, las inversiones chinas en tierras  de cultivo suman 94.000 M$, según Heritage Foundation y American Enterprise Institute, en los cinco continentes.

Foto: www.despertarintegral.com

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