El sacrificio del ganadero. Por Esther Herranz.

Por Esther Herranz. Experta en la UE y en Agricultura (Diputada europea 2002-2019), profesora y apasionada del sector agrario.

El sacrificio del ganadero. Por Esther Herranz.

Al rebufo de los nuevos tiempos, con la nueva era de la digitalización y la información, en el Tratado de Lisboa, la última reforma de los Tratados de la UE, se introdujo la posibilidad de iniciativa legislativa popular (ILP), un instrumento para que los ciudadanos europeos participen activamente en la formulación de las políticas de la UE; es decir, para que los ciudadanos pueden ejercer “directamente” su derecho a proponer legislación si consideran que la Comisión no avanza en algún tema, en el que la población esté muy sensibilizada. Se decidió, no obstante, que la Comisión Europea continuaría ostentando la iniciativa legislativa pero con el acompañamiento popular.

Hasta aquí todo parece ajustarse a los nuevos tiempos y a la nueva política, donde los ciudadanos están llamados a ser un actor fundamental. Pero para conseguir que una iniciativa legislativa popular europea salga adelante, hay que disponer de una excelente organización, porque no es fácil, ni tampoco barato, conseguir un millón de firmas de ciudadanos europeos de seis Estados miembro diferentes.

Así que, realmente, detrás de cualquier iniciativa de este tipo debe haber alguna organización que aporte los medios necesarios para lograr llevar a buen puerto la acción de ILP, aunque no se exige transparencia al respecto.

Por tanto, la ILP europea se presenta con las firmas del millón de ciudadanos, pero sin dar explicación alguna de a quién debemos la idea de ponerla en marcha y tampoco de las organizaciones que hayan contribuido y colaborado necesariamente porque, en puridad, nadie se cree que espontáneamente un millón de europeos se levantan una mañana con un impulso irresistible de poner en marcha una ILP.

Normalmente, surge de algún tipo de Organización que la pone en marcha y da publicidad a su causa, poniendo los medios económicos y humanos necesarios para realizar los trámites, que no son sencillos, porque requieren un Comité Ciudadano, proceder al registro, recoger declaraciones de apoyo, verificaciones, certificaciones, presentación, publicidad, etc.

Hasta ahora, de las 84 iniciativas presentadas, sólo seis han alcanzado el número de firmas requerido y se han presentado a la Comisión Europea. Estas ILP son  «Right2Water», «One of Us», «Stop Vivisection», «BanGlyphosate», «MinoritySafePacky «End the Cage Age».

Curiosamente de las seis, la mitad corresponden al sector agrario y, todas ellas, van en la línea de endurecer drásticamente las exigencias a las explotaciones agropecuarias europeas. Ninguna ha pedido, por ejemplo, que se refuerce la exigencia medioambiental o de seguridad alimentaria a las importaciones comunitarias de alimentos, a pesar de que es conocido que la famosa reciprocidad, en cuanto a los estándares exigibles a las importaciones es una realidad recurrente en el debate público y todos, o la inmensa mayoría de los ciudadanos, quieren comer alimentos seguros y respetuosos con el medio ambiente.

Fin de la era de los sacrificios

Ahora mismo, hay circulando por los Estados miembro de la Unión Europea una nueva ILP, que ya ha sido admitida a trámite por la Comisión Europea.  Se denomina “End The Slaughter Age” y bajo ese nombre tan horrible, que habla de sacrificios, lo que propone es eliminar todas las ayudas europeas al sector ganadero. ¡Como lo leen, tal cual!.

Para ello habría que modificar sustancialmente los Tratados y también la legislación propia de la Política Agrícola Común (PAC). Y es que el sector ganadero está en el objetivo, no sólo de algún ministro español, sino también en el punto de mira de muchos colectivos que se posicionan en contra de la actividad ganadera por diversos motivos, como la alimentación vegana, la fabricación de proteína  sintética de laboratorio, la importación barata de carnes de países terceros, etc. Pero, sobre todo, lo que busca realmente es el sacrificio del ganadero.

Sucede que no podemos saber quién promueve la iniciativa porque, como decía antes, no se exige transparencia en los medios puestos a disposición de la iniciativa. Y, como no podemos saber quién o quiénes están detrás, tampoco podemos conocer si esas organizaciones reciben fondos europeos o estatales, con los cuales hacer frente a los gastos de la ILP europea y, por tanto, todo el sistema resulta muy opaco y obviamente muy sospechoso.

Tanta ILP de ciudadanos libres europeos, centrada en el sector agrario, es extrañamente recurrente y se contradice con los aplausos recibidos por los agricultores y ganaderos, que se esforzaron por mantenernos alimentados en la reciente pandemia de Covid-19, que ha venido asolando , y aún asola, Europa y al resto del mundo.

Si esta iniciativa prospera, lo cual espero sinceramente que no ocurra, el precio del vacuno, del porcino, del conejo, el pollo, el pavo o los huevos  europeos sería prohibitivo. Muchas familias tendrían que dejar de consumir proteína animal o dejar de consumir producto europeo y decantarse por alternativas más baratas como alimentos procesados, congelados, importaciones, etc.

Además, dejar de percibir las indemnizaciones de la PAC  llevaría a los ganaderos en muchos casos a cerrar granjas familiares del entorno rural, tan despoblado, y sólo aquellas granjas industriales muy concentradas, de gran tamaño, podrían plantearse la posibilidad de continuar con la explotación ganadera. Precisamente, esas famosas “macrogranjas” que los ecologistas critican y para las que aún no tenemos una clara definición, porque no sabemos a partir de qué números podemos hablar de pequeña, mediana, grande o macro granja.

Conque espero que, si encuentran en su correo electrónico esta ILP europea, o les asalta algún joven para solicitar su apoyo, escuchen atentamente lo que les cuenten y no firmen nada antes de haber reflexionado mucho y en profundidad sobre las consecuencias de su acción.

Si queremos un medio rural sin ganado es que no queremos ni pueblos, ni a las gentes de los pueblos. Yo no quiero sacrificar ni un ganadero más.

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