Agua residual, utilización en agricultura y contaminación difusa. Por Javier Soto

Javier Soto. Patrono de Fundación Ingenio

Adía de hoy, para cumplir con la legislación vigente, no podemos utilizar ni aguas con demasiada conductividad eléctrica, ni aguas que contaminen por cloratos, percloratos, antibióticos, fosfatos, medicamentos y otros residuos contaminantes. No hay que olvidar que las aguas residuales, que no son de origen agrícola, son ricas en todos estos nutrientes, residuos, medicamentos y contaminantes.

Sin duda, resulta cuanto menos curioso ver en los últimos tiempos a tantos expertos opinando sobre nitratos agrícolas, pero nunca nitratos provenientes de las aguas residuales. Desde mi perspectiva de profesional especializado del sector agrícola, he podido analizar este aspecto para dar una visión más real.  Y es que cada ciudadano expele anualmente aproximadamente una media en orina de 4 kg de nitrógeno, 0,4 kg de fósforo y casi 1 kg de potasio, y una media en materia fecal de 4,5 kg de nitrógeno, 0,5 kg de fósforo y 1,2 kg de potasio.

En un entorno como el del Mar Menor, que cuenta con unos 400.000 habitantes, los residuos de esas personas -1.800.000 kg de nitrógeno- terminan en gran parte usados en la agricultura, y así lo recoge el Decreto Ley 2/2019 de 26 de diciembre, de Protección Integral del Mar Menor. Pero hay que tener en cuenta estas aguas pasan por depuración, donde se eliminan al menos tres cuartas  partes de los nitratos, éstos rondarían entonces los 450.000kg que son los que terminarían en el Mar Menor.

A todo esto, habría que añadir que las lluvias recogidas de los cascos urbanos deberían ser recogidas en tanques de tormenta, al igual que ocurre con las aguas de lluvia que caen sobre el techo de un invernadero y se recogen en un pantano.

En todo el entorno del Mar Menor hay unos siete tanques de tormenta con una capacidad individual de unos 4.000 metros cúbicos. Considerando que San Javier tiene al menos una superficie de 500 hectáreas de casco urbano, necesitaría al menos recoger 500.000 metros cúbicos en sus tanques de tormentas, pero la realidad es que la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) no tiene esa capacidad- ¿Entonces dónde van esas aguas? ¿Se llegan a mezclar con las residuales y terminan en el Mar Menor sin tratar?

Cada vez que se edifica se deberían aumentar EDARES y tanques de tormenta, pero ¿sucede esto realmente? Si el agua de lluvia se mezcla con agua residual sin tratar, ¿cuántos de esos nutrientes van al Mar Menor? ¿Esto se ha tenido en cuenta en algún cálculo de alguna hipótesis de los estudios de los vertidos al Mar Menor?

Hace unos años, concretamente en 2012, algunas asociaciones ecologistas veían “fuera de lugar las voces de alarma ante los olores producidos y los insectos, por el abandono del Campo de Cartagena” y apoyaban a la agricultura achacando la pérdida de turismo en el Mar Menor a la dejadez de las administraciones competentes y al desarrollo urbanístico. Sin embargo, ahora la agricultura ha pasado a ser el culpable de todos los males del Mar Menor. ¿A qué se debe ese cambio de opinión?

Si por un lado se nos limita el uso de agua procedente del Tajo y se nos limita el uso del agua mezclada con la residual. Si por otro lado, las alternativas llegaran a ser la desalación o llegado el caso la extracción de los pozos, ¿cómo podremos seguir produciendo sosteniblemente? ¿Por qué en otras zonas con problemas similares a los del Mar Menor, organismos similares y mismas administraciones, actúan de forma distinta?

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