Importaciones de cítricos «contaminados», amenaza para la sanidad vegetal de la UE. Por Cirilo Arnandis.

Importaciones de cítricos «contaminados», amenaza para la sanidad vegetal de la UE. Por Cirilo Arnandis.

Este verano hemos recibido información muy preocupante que afecta a la seguridad sanitaria de las plantaciones de cítricos españolas y del resto de la UE. El sistema EUROPHYT TRACES ha registrado 68 interceptaciones notificadas de junio a agosto en productos cítricos «contaminados» procedentes de terceros países.

Cirilo Arnandis, presidente de la Sectorial de Cítricos de Cooperativas Agro-alimentarias de España.

La cifra se eleva a 89 desde principio de año, y nos preocupan particularmente, las 33 interceptaciones de Phyllosticta citricarpa (hongo causante de la ‘Mancha Negra’) detectadas en cítricos de Sudáfrica y las 3 intercepciones de Thaumatotibia Leucotreta (Falsa polilla) ,de las cuales una se detectó en mandarinas de Israel y dos de Sudáfrica en pomelo y mandarinas respectivamente.

Phyllosticta citricarpa (‘Mancha Megra- CBS’)

Ante el elevado número de interceptaciones sudafricanas de Phyllosticta citricarpa este año, (a las que se suman las 29 en 2022 y las 43 en 2021), queda claro que las medidas de control fitosanitario establecidas por la Unión Europea son insuficientes. 

Con estas cifras, la UE ya debería haber decretado a finales de julio el cierre de la frontera a los cítricos procedentes de Sudáfrica. En lugar de eso, hemos sido testigos de una situación dantesca, un año más el sector y las autoridades sudafricanas, los responsables del problema, han decidido a partir del 15 de septiembre dejar de enviar naranjas a la Unión Europea, pero solo desde las zonas de producción orientales.

Esta decisión unilateral de Sudáfrica me parece incluso provocadora, porque su único objetivo es venderla públicamente como un gesto de «responsabilidad hacia sus socios comerciales» y evitar medidas más enérgicas por parte de la Comisión Europea.

La reincidencia de Sudáfrica y sus subterfugios son inaceptables, como bien ha denunciado la organización interprofesional,  Intercitrus. Pero lo que más me preocupa es que este país, importante exportador hacia la UE, representa un riesgo fitosanitario inaceptable para el sector y la UE no toma todas las medidas que cabría esperar.

Una vez más queda comprobada la insolvencia del Sistema de Gestión de Riesgos de Sudáfrica para CBS y tras confirmarse que esta enfermedad sí se puede desarrollar en el Mediterráneo (como demuestran las interceptaciones procedentes de Túnez y Egipto), pedimos a la Unión Europea acciones contundentes y sin contemplaciones.

Primero, debe decretar el cierre inmediato de la frontera a las importaciones de cualquier cítrico procedentes de Sudáfrica de cualquier zona productora.

Segundo, debe enviar inspectores comunitarios, para llevar a cabo una evaluación en origen de la situación fitosanitaria en Sudáfrica, únicamente después de la cual y una vez establecidas las nuevas medidas, podrían reanudarse las exportaciones en próximas campañas.

Tercero, deben intensificarse los mecanismos de control en frontera, su frecuencia y apoyar a los Estados Miembros que las llevan a cabo.

Y finalmente, a partir de la próxima campaña, la UE debe contar con un marco normativo que le permita decretar el cierre cautelar automático de su frontera para las importaciones desde cualquier tercer país, en el momento que acumule más de 5 interceptaciones de partidas contaminadas por CBS.

Otras amenazas fitosanitarias 

Al mismo tiempo, es necesario también evaluar las medidas de protección de la UE contra Thaumatotibia leucotreta, teniendo en cuenta las tres detecciones que se han registrado en productos (pomelo, mandarina) y orígenes (Israel) que fueron excluidos de la imposición del tratamiento en frío en la normativa decretada por la UE en 2022.

Una normativa reclamada durante años por el sector, que si bien fue un paso en la buena dirección se consiguió sacar adelante solo parcialmente. Lo dijimos entonces y lo reiteramos hoy, es urgente que esta medida se extienda a todos los cítricos y a todos los terceros países exportadores a la UE que presenten este riesgo fitosanitario. Sabiendo lo que está en juego, no nos podemos permitir las medias tintas.

Y finalmente, pero igual de alarmante, este verano se detectó la presencia de Diaphorina citri en Chipre, territorio de la UE, que se suma al detectado en Israel en 2022 y obliga a la UE a ponerse en guardia.

Este insecto es un vector de la cepa más letal de la bacteria del Greening o HLB, una enfermedad que ya ha devastado importantes regiones citrícolas en otras partes del mundo -como Florida y Brasil– y contra la que la UE no dispone de herramientas eficaces para combatirla.

A la espera de conocer las medidas que han adoptado las Administraciones europea y chipriota para erradicar el brote e investigar su origen y circunstancias, los productores europeos esperamos que se implemente urgentemente un plan de prevención de riesgos para evitar la introducción de este insecto en la UE, que contemple tanto medidas de control sobre el terreno y en fronteras, así como -desde ya- un programa comunitario de investigación destinado a obtener métodos de control biológico y portainjertos y variedades resistentes a estas plagas.

La Unión Europea debe actuar o actuar

Los productores europeos no podemos seguir jugando en desventaja frente a las importaciones de terceros países, las amenazas fitosanitarias y la competencia desleal son insoportables.

Las políticas medioambientales de la UE nos piden esfuerzos ímprobos en materia de sostenibilidad y restringen radicalmente el uso de fitosanitarios, incrementando nuestros costes y rebajando nuestros rendimientos y competitividad.

Nuestra implicación es total para ofrecer los productos más sanos, saludables, sostenibles, cercanos y seguros a los consumidores europeos, pero mientras tanto confluimos en un mercado donde entra mercancía desde países que cuentan con otras reglas de juego: ¡eso sí que no es sostenible!

El legislador comunitario tiene que actuar con la misma rapidez y contundencia cuando regula el comercio exterior que cuando decreta medidas a sus productores. No se puede consentir que los cítricos que entran en la UE desde terceros países se cultiven en condiciones agronómicas mucho menos restrictivas que las que se exigen a los agricultores europeos, por ejemplo, utilizando productos fitosanitarios y prácticas prohibidas en la Unión.

Las limitaciones dentro de la UE deben extenderse necesaria y simultáneamente al producto importado. Lo contrario, la falta de reciprocidad (como ejemplo más claro, la existencia de “LMR de importación») constituye una aberración injusta e inadmisible para el agricultor y para el consumidor.

Tampoco se puede soportar la asimetría que se produce en las condiciones fitosanitarias bajo las cuales exportamos nosotros y bajo las cuales permitimos que se importe a la UE.

Nuestros productos están sometidos a rígidos y férreos “protocolos” cuya negociación puede durar más de una década y los cuales, una vez suscritos, cumplimos y costeamos escrupulosamente.

Protocolos que nos encorsetan y restringen nuestro acceso a nuevos mercados y que tienen un coste económico muy elevado para los operadores (incluyendo, por ejemplo, financiar las visitas de los inspectores enviados por la administración del tercer país).

Del otro lado, cuando se trata de acceder al mercado de la UE, la puerta está abierta y cuesta enormemente que la UE decrete medidas eficaces de protección fitosanitaria en frontera para controlar (¡no ya para prohibir!) las importaciones que conllevan un riesgo.

Ello, aunque el riesgo esté refrendado por la propia EFSA; aunque no se dispongan de herramientas para combatirlo; aunque se amenace la pervivencia de la producción europea.

En el caso de los cítricos europeos, están en juego 500.000 hectáreas. De esa superficie depende no ya la economía de las explotaciones agrarias (la mayoría pequeñas y medianas explotaciones familiares), sino también la garantía de suministro a los consumidores de la UE y el mantenimiento del tejido social y económico, el desarrollo rural y la conservación del medio ambiente en las regiones productoras de la UE.

Por todo ello, el sector español y el europeo reclaman unánimemente que la UE priorice la sanidad vegetal y la protección de las plantaciones de sus agricultores por encima de los intereses de sus socios comerciales y de los de los importadores europeos. 

 

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