El sector oleícola medioambientalmente sostenible gracias a las orujeras

Joaquín E. López López. Director Asociación Nacional de Empresas de Aceite de Orujo
El trabajo de las orujeras sustenta, medioambientalmente hablando, al resto del sector oleícola, al valorizar todos los subproductos generados en las almazaras, de forma eficiente y responsable.

El olivar andaluz, ese bosque ordenado que la Unesco ha incluido en la lista indicativa de España, tiene un fin determinado que no es otro que la producción de aceite de oliva virgen, el gran producto alimentario nacional y andaluz. En el año 2016 el aceite de oliva ha llegado a ser el segundo producto alimentario más exportado de España. El aceite de oliva además cumple otra función importantísima, la fijación de la población en el medio rural, al ser una fuente de riqueza que necesita de un cuidado continuo a lo largo de todo el año.

La pena es que prácticamente la totalidad de la población sólo conoce del sector del olivar dos cuestiones: la primera a nivel de explotación agrícola el cultivo y recolección de la aceituna y la segunda la producción y comercialización del aceite de oliva.¿Pero acaba aquí el sector del olivar?  Esta es la pregunta que no se hace nadie en lapoblación andaluza y española en general, y la respuesta es un rotundo NO.

El sector del olivar ha llegado a este importantísimo nivel de desarrollo gracias a la labor necesaria y silenciosa del sector orujero, al ser el gran valorizador de los subproductos del olivar. De cada 100 kilogramos de aceituna que llegan a la almazara sólo el 20% es aceite de oliva, el resto, el 80% de la aceituna, es llevado a las extractoras en forma de orujo graso húmedo para su valorización.

Si trasladamos esta cuestión a datos, vemos según la AICA, que en la campaña oleícola 2015/2016, las almazaras obtuvieron 1.401.605 toneladas de aceite de oliva y produjeron como subproducto 6.716.549 toneladas de orujo graso húmedo, que fueron llevadas a las orujeras. Tras el trabajo de valorización de las orujeras, se obtuvieron 126.578 toneladas de aceite de orujo de oliva, 1.300.000 toneladas de orujillo, hueso de aceituna, pulpa de aceituna y cenizas para la realización de compost, toda una batería de productos que hacen que la “aceituna” se asemeje al cerdo al utilizarse al 100%.

Además, durante el proceso de valoración de los orujos también se genera energía eléctrica, el denominado KW-Verde, mediante las cogeneraciones en el secado (215 MW instalados), y las generaciones a partir del orujillo, biomasa del olivar (150 MW instalados).

La memoria es caprichosa, y digo esto porque ya nadie se acuerda como era el sector del oleícola allá por los años 80 y 90. Entonces había una gran cantidad de pequeñas almazaras diseminadas a lo largo y ancho de la geografía andaluza, donde existía un grandísimo problema, los “alpechines”, por su complicada gestión, que terminaban siendo vertidos en los arroyos y/o filtrados a los acuíferos, ya que la única forma que había para su eliminación era la evaporación natural.

Posteriormente, a mediados de los noventa, se desarrollaron los decanters de dos fases una gran innovación para el sector almazarero, que permitía obtener sólo dos productos, el aceite de oliva y el orujo graso húmedo, o alpeorujo, traspasando de esta forma el problema de la gestión de los alpechines de las almazaras a las orujeras. Este cambio obligó a las orujeras a hacer un grandísimo esfuerzo de investigación y desarrollo de forma privada para poder valorizarlo, y se consiguió.

Por este motivo los pueblos de Andalucía ya no huelen a alpechín, las orujeras se encargan de este grandísimo problema medioambiental, de una forma sostenible, moderna y responsable.

Por todo lo anterior, desde el sector orujero queremos que se reconozca nuestro trabajo, tanto por el sector almazarero, como por la población en general, dada la grandísima labor medioambiental que realizamos.

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