Naciones Unidas: se ha subestimado el coste y las consecuencias de la transformación de la tierra

“El Covid-19 ha tenido un rápido impacto negativo a escala mundial en los ámbitos económico y social, lo cual demuestra que se subestiman las consecuencias del cambio de uso de la tierra. Es posible que el fracaso a la hora de ralentizar e invertir el proceso de cambio del uso de la tierra tenga graves consecuencias en el futuro. Así pues, redunda en nuestro beneficio garantizar que, como parte del proceso de reconstruir mejor, adoptemos medidas que ayuden a la recuperación de la naturaleza, para que trabaje con nosotros y no en nuestra contra”, destacó Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación con motivo de la celebración mañana del Día de Lucha contra la Desertificación y la Sequía.

Thiaw señaló que “en poco tiempo, una zoonosis como el Covid-19 ha llevado a la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de países han aplicado medidas de confinamiento con una duración media de dos meses. La economía mundial se dirige hacia una recesión y las relaciones sociales están cambiando. Es preciso insistir en la urgencia, tanto en el plano político como en el práctico, para ralentizar e invertir el cambio en el uso de la tierra”.

El secretario ejecutivo añadió que “en el plano político, reconstruir mejor implica garantizar que existan políticas que prevengan o minimicen el cambio del uso de la tierra. En la práctica, significa brindar incentivos que inspiren a consumidores y productores para evitar los cambios en el uso de la tierra. Ambas medidas son un llamamiento a un mundo en el que las personas acepten que el derecho a tomar de la naturaleza va acompañado de la responsabilidad de cuidarla. Un contrato social para la naturaleza”.

La zoonosis es la convergencia entre virus humanos y animales. La comunidad internacional ha combatido cinco zoonosis en dos décadas. La ciencia médica indica que tres de cada cuatro enfermedades infecciosas emergentes son zoonóticas. Los especialistas de las ciencias naturales afirman que el cambio del uso de la tierra propicia este fenómeno, ya que las interacciones y la distancia física entre humanos y animales son más estrechas.

De acuerdo con la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), más de un 70% de toda la tierra natural sin hielo se ve afectada por el uso humano. Además, ese porcentaje podría aumentar hasta el 90% para 2050 si el uso de la tierra a escala mundial mantiene la misma trayectoria.

Según el Informe especial sobre el cambio climático y la tierra del IPCC, la tierra agrícola destinada al cultivo de alimentos, forrajes y fibra es la causante de esta transformación radical. Por lo general, de acuerdo con el Atlas Mundial de la Desertificación, son los residentes urbanos y los habitantes extranjeros quienes consumen los productos derivados de la agricultura, y no las comunidades locales que producen estos bienes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura afirma que, de aquí a 2050, se necesitarán más de 500 millones de hectáreas de tierra agrícola adicional con el fin de atender la demanda mundial de alimentos.

Thiaw añadió que “en plena pandemia de Covid-19, tranquiliza saber que podemos reconstruir mejor. En el último lustro, los países han acordado tomar medidas para detener el cambio en el uso de la tierra. Desde entonces, cerca de 100 países cuentan con áreas específicas que reparar y restaurar para 2030, lo que constituye la mayor iniciativa mundial de restauración de la historia. Un análisis preliminar asigna más de 400 millones de hectáreas con arreglo a esta iniciativa, lo que supone un 80% de la tierra agrícola necesaria para atender la demanda mundial de alimentos de aquí a 2050.

Restaurar este terreno en el marco de las acciones para reconstruir mejor con el fin de evitar futuras zoonosis aportaría otros beneficios cruciales, en concreto la mitigación del cambio climático.

Según el informe del IPCC, las acciones sobre las tierras constituyen una parte esencial de las herramientas que habrían de emplearse para que la naturaleza capture el carbono que se emite hacia la atmósfera, con el fin de que la temperatura se mantenga por debajo de los 2 grados centígrados. No obstante, en el informe se advierte que este tipo de acciones terrestres son efectivas ahora, y no en el futuro, puesto que la capacidad de la tierra para fijar el carbono disminuirá, especialmente en terreno insalubre.

Los servicios de los ecosistemas que se pierden cada año como resultado de la degradación de las tierras suponen 10,6 billones de dólares anuales, según un estudio realizado por “Economics of Land Degradation.” Por el contrario, cambiar a prácticas sostenibles de gestión de las tierras podría generar hasta 1,4 billones de dólares por el incremento de la producción de cultivos.

Thiaw añade que “ha llegado la hora de actuar, ya que los resultados económicos y sociales fruto de la restauración de la tierra están en consonancia con lo que la población exige a sus gobiernos: trabajos, acción en la esfera del cambio climático, paz y seguridad”.

“La participación de los consumidores también es esencial” afirma Chong-Ho Park, Ministro del Servicio Forestal de Corea.

Durante 15 años, desde 1973, la República de Corea contribuyó con 570 millones de dólares para invertir el cambio del uso de la tierra, puesto que, después de la Guerra de Corea, aprendimos que detener e invertir el cambio de las tierras solo es posible cuando los consumidores toman decisiones diferentes, decisiones respaldadas por inversiones financieras que ayudan a que se produzca el cambio deseado”, explica el Ministro.

Añade que “las tasas de deforestación cayeron en picado al reducirse la pobreza y el Gobierno inició proyectos nacionales de rehabilitación forestal para restaurar las zonas de bosque devastadas y apoyar la generación de ingresos de los consumidores. Si los consumidores recompensan a los usuarios de la tierra que aumentan la productividad de esta y los gobiernos les ofrecen apoyo adicional, es posible ralentizar e invertir la degradación de las tierras”.

La República de Corea es la anfitriona de la celebración virtual a escala mundial de este año. El Día de Lucha contra la Desertificación y la Sequía se celebra el 17 de junio todos los años desde 1995, con el objetivo de aumentar la concienciación sobre estas dos cuestiones.

 

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