Las Tablas, sin agua, sin ningún interés político y total pasividad administrativa

Jesús Pozuelo Clemente. Miembro Decano del Patronato Rector del Parque Nacional Las Tablas de Daimiel.
Las Tablas de Daimiel, nuestro Parque Nacional, el patito feo de la Red de Parques Nacionales, como alguien lo denominó, actualmente pasa una vez más por serias dificultades motivadas por la falta de agua.

Tras siete años de escasas precipitaciones el Río Guadiana ha dejado de sustentar el humedal, tampoco sus afluentes Azuer y Gigüela ni los arroyos de la sierra han aportado agua alguna, de tal forma que la lámina de agua que inunda el parque ha ido perdiendo espesor y por consiguiente, superficie encharcada, habiendo quedado reducida a un mero testimonio y dentro de poco, a su desaparición total.

Esta situación es bien conocida por aquellos organismos que tienen competencias y por las personas que los representan, y sin embargo, parece ser que se han vuelto de espaldas ante un grave problema con gravísimas consecuencias medioambientales y económicas y de toda índole que está sufriendo nada más y nada menos, que un Parque Nacional enclavado en una zona más bien escasa de recursos.

El problema desgraciadamente no es nuevo, sin embargo, situaciones análogas a la actual se supo y pudo paliarse, gracias al interés y el tesón de personas con capacidad de decisión y responsabilidad.

Un año más las lluvias han sido del todo insuficientes para que repercutan en algo positivo en este paraje, y llegadas estas fechas, casi podemos dar por perdida toda esperanza al respecto.

En el año 1988 tuvo lugar la primera derivación de caudales desde los embalses de la Cabecera del Tajo a través del Acueducto Tajo-Segura vía Río Gigüela y a partir de entonces, con más o menos rendimiento dependiendo del grado de saturación del lecho del río por donde había de discurrir el agua en otras ocasiones, y gracias a esta medida de auxilio el Parque se ha mantenido en unas condiciones digamos aceptables sin haber perdido la figura y catalogación de las que goza. En estos momentos y dada la sequedad del Río Gigüela es impensable llevar a cabo esta operación.

Pero hoy disponemos de una infraestructura que otrora no existía y que está infrautilizada, a pesar de haber sido financiada con dinero público y con no pocas dificultades la Confederación Hidrográfica del Guadiana consiguió liquidar a la empresa adjudicataria de la obra.

El Trasvase al Parque Nacional sería de un rendimiento óptimo al no haber infiltración ni derivación alguna. Se pudo comprobar cuando a finales de 2009 una zona del Parque se convirtió en un brasero por la combustión de la turba y de los 20 Hm3 aprobados solo fue necesario derivar poco más de 3 Hm3, ya que entonces comenzó a llover abundantemente y el agua que entraba por el Río Gigüela y los arroyos de la sierra no solo sofocaron el fuego, sino que inundaron el Parque en su totalidad.

La Comisión Mixta de Gestión elevó la petición de un trasvase, y fue denegada por la Junta de Explotación del Trasvase Tajo-Segura.

El día 13 del pasado mes tuvo lugar el último Pleno del Patronato Rector del Parque Nacional Las Tablas de Daimiel y gran parte del mismo giró a la conveniencia de apoyar de nuevo esta petición de trasvasar 20 Hm3 al humedal, que serían suficientes para inundar su máxima superficie encharcable y llegar a finales de verano con unas 600 has.

Después de debatir este importante asunto se aprobó esta petición por mayoría con el voto en contra de los representantes conservacionistas.

Se barajó la posibilidad también de poner en funcionamiento la batería de pozos de emergencia, medida ésta a todas luces descartable por el impacto que ocasionaría en el nivel freático en una zona muy localizada, creando un cono o depresión de incalculable repercusión, distanciando aún más el nivel de agua subterránea del superficial, y donde la evaporación y la infiltración no permitirían el resultado deseado.

Por otra parte, ¿alguien se ha parado a pensar el facturón de energía eléctrica que supondría bombear tal cantidad de agua?, eso sin contar el impacto que ello tendría entre los usuarios de las Masas de Agua del Alto Guadiana, principalmente Mancha Occidental I, donde se asienta este Humedal, y que para la presente campaña de riego han tenido que aceptar un Régimen de Explotación aún más restrictivo que años anteriores y que están inmersos en un programa de precintado de contadores, a través de una encomienda de gestión con la Confederación Hidrográfica del Guadiana.

A los usuarios de agua moderados que son la mayoría, y que ya han renunciado a más del 50% de sus derechos que tienen un control riguroso y que cumplen escrupulosamente el Régimen de Explotación, no se les puede criminalizar ni estar señalándolos permanentemente como los culpables de la situación del Parque Nacional, estos no están “sobreexplotando”, están explotando sus derechos que es de lo que viven ellos y la sociedad que los rodea.

Y si entre todos ellos hay “unas ovejas descarriadas”, que la administración competente se ocupe de meterlos en el redil, porque además dan una mala imagen y son un mal ejemplo para los demás.

Por cierto, quienes se oponen a que se lleve a cabo el trasvase, y que tal vez su voz se escucha más que la de la mayoría, no sé qué, ni a quien quieren demostrar qué es mejor que el Parque expire y que la única solución que ven es cambiar el modelo agrícola.

Este modelo agrícola no discuto que no sea mejorable, pero con él y con sus defectos hemos sido capaces de ver aflorar prácticamente en los Ojos del Guadiana el agua, algo que no se producía hacía más de treinta años, pero no seamos ingenuos vendrán años lluviosos, el Parque volverá a no necesitar de ningún aporte, pero esto como vemos no es duradero y cuando sea necesario, no renunciar a un aporte externo, porque cambiar este modelo es cambiar el de la sociedad en general, que vendríamos a sumarnos a esa España vaciada de la que tanto se habla ahora.

Ojalá y todos estos agricultores tuvieran garantizada una buena nómina de la administración, que seguramente vivirían mejor, con menos desvelos y con menos dolores de cabeza.

Por consiguiente, no dejemos pasar los días y pasemos a la acción, autoridades locales y Diputación, Junta de Comunidades, Organismo Autónomo de Parques Nacionales, etc.., y no solo veamos circular el agua de una región ávida de ella, a otra mucho más rica y con mayores recursos, y no renunciemos a lo que ya por Ley nos pertenece, pues con un simple recurso a los Trasvases a Levante, la Junta de Comunidades piensa que se justifica y nos contenta.

Con esta derivación evitaríamos el próximo verano, el alto riesgo de que las turbas entren de nuevo en combustión o que, por la acción de alguna tormenta y ayudado por el viento, se produzca un fuego que arrase el Parque en su totalidad ante la ausencia de agua, entonces veremos a los responsables rasgarse las vestiduras, eludiendo cada cual su responsabilidad.

¿De qué nos está valiendo, si no se está cumpliendo el tan anhelado y por fin aprobado Plan Rector del Uso y Gestión del Parque Nacional?

En otras ocasiones ha bastado el interés del Gobierno Regional para que aprobasen aquellos trasvases en Consejo de Ministros.

Y no nos hagan pensar que el Problema de Las Tablas, lo que necesita para su solución son “más tablas”.

 

 

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