El “dumping climático”, una preocupación más para los agricultores europeos frente a la competencia exterior. Christiane Lambert Presidenta del COPA

El “dumping climático”, una preocupación más para los agricultores europeos frente a la competencia exterior.  Christiane Lambert Presidenta del COPA

El “dumping climático”, una preocupación más para los agricultores europeos frente a la competencia exterior.

La agricultura europea se encuentra entre las más eficientes y avanzadas del mundo en cuanto a su  compromiso con el  clima y el medio ambiente, y sabemos que esto sólo irá a más con las ambiciones del “Pacto Verde”. El  futuro  de  nuestros  agricultores  dependerá  (también)  de  un mecanismo  de  ajuste  en  frontera  de  las  emisiones  de  carbono  con fronteras realistas.
Por Christiane Lambert Presidenta del COPA.Comité de Organizaciones Profesionales Agrarias (COPA).

Como profesionales del sector, somos y seremos los primeros a los que afecta el cambio  climático. Asimismo, nos hemos comprometido a que Europa sea climáticamente neutra  de  cara a 2050, mediante la reducción de  nuestras emisiones, la producción de biocombustibles  y, sobre  todo, el aumento del “sumidero de carbono” que supone la agricultura.

Muy a menudo se pasa por alto que en la producción de los alimentos que consumimos,  el  sector agrícola ya cumple, y por sí solo, este cometido de almacenamiento de carbono en  pro de toda la sociedad.

Tal vez los medios de comunicación no se hagan eco de ello, pero en toda Europa se  están  poniendoen marcha proyectos de este tipo, incluso teniendo en cuenta la disminución de los ingresos de la producción agrícola.

Por supuesto, todo voluntario que se ofrezca para luchar en la primera línea de una revolución se expone al  riesgo  muy  real  de  morir  como  un  héroe. A  medida  que  la  agricultura se  ha  ido globalizando con los años, los productores europeos de cultivos herbáceos se han visto obligados a  vender su  grano  a  precios  globalizados,  ya  que  el  mercado  europeo  está  completamente abierto.

Uno de los principales riesgos a los que tendrá que enfrentarse nuestro sector agrícola como  consecuencia  del  Pacto  Verde  Europeo  es  el  “dumping climático”  de  los  países  que voluntaria  o  involuntariamente  avanzan  más  lentamente  en  la  puesta  en  práctica  de  una agricultura  más  ecológica.

En  materia  de  cereales  y  oleaginosas,  la  principal  competencia proviene de Rusia, Ucrania, Brasil y Argentina.  Tomar medidas contra el calentamiento global en Europa es una  cosa, pero  convencer a nuestros  socios  comerciales de que  se  comprometan con la misma rapidez y firmeza es otra totalmente distinta.

Estoy convencida de que las importantes diferencias que existen en lo referente a los medios o las ambiciones para alcanzar los objetivos climáticos entre Europa y la competencia tendrá un efecto devastador para la agricultura europea.

Es así que se da lugar a la fuga de carbono. De esta manera, nuestra agricultura acabaría siendo ese héroe muerto: sólo produciría volúmenes limitados de  alimentos  de  alta  gama,  mientras  que a  la  producción  de  alimentos  básicos  la sustituiría  la  de  alimentos  producidos  en  otros  lugares , en  los  que  no  se  aplican  las  mismas limitaciones que  tanto nos cuestan y sin ganar nada en cuanto a la consecución de los objetivos climáticos.

Mercado de carbono y política comercial

Por el contrario, si se les anima a hacerlo, todos los agricultores del mundo podrían contribuir  a  este  nuevo  cometido  climático y es aquí donde entran en  juego el mercado del carbono y la política comercial.

En este contexto,  apoyamos la idea de que se establezca un mecanismo de ajuste en frontera  de  las  emisiones  de  carbono  para  los  productos  agrícolas,  siempre  y cuando se cumplan determinadas condiciones.

El principio es sencillo: la imposición de una tasa por el carbono, que contienen los productos importados, evitaría la deslocalización de la producción a países con requisitos menos estrictos. Cuando  la  ponemos  por  escrito,  la  medida  parece  obvia, pero la realidad  es  mucho más compleja, ya que comprende la  política climática europea y las normas  comerciales internacionales.

Para concretar, sin entrar en demasiados detalles, el principal mecanismo de la política  climática europea es el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE; en inglés: ETS),  que está en vigor desde 2005 y obliga a nuestras principales industrias a pagar un precio por  cada toneladade dióxido de carbono que emitan.

Este régimen, que no se aplica a la agricultura, es objeto de críticas porque, para evitar la fuga de carbono, es decir la fuga que ocurre al deslocalizarse nuestras refinerías o acerías, se  otorgan derechos de emisión gratuitos, lo que hace bajar el precio de los derechos en el  mercado europeo del carbono y, por tanto, la eficacia de la política climática.

Para salir de este círculo vicioso, Europa estudia en la actualidad la posibilidad de suprimir los derechos de emisión gratuitos y sustituirlos por el Mecanismo de Ajuste en Frontera de las  emisiones de carbono (en inglés: CBAM) por el cual las empresas extranjeras que exporten productos a la UE pagarían también el mismo precio por los derechos de emisión que en el mercado europeo, en función del carbono emitido durante el proceso de producción. Con esto se daría una doble ventaja: contribuir a la financiación de la política climática y evitar la competencia desleal y las fugas de carbono desde Europa.

El Mecanismo de Ajuste en Frontera de las emisiones de carbono se considera un complemento al régimen ETS, al que está estrechamente vinculado. Por ello, según los planes  europeos, se aplicaría a todas o algunas de las industrias sujetas al RCDE y abarcaría el sector eléctrico y los sectores industriales de alto consumo energético, como la electricidad, el cemento, el acero, el aluminio, las refinerías de petróleo, el papel, el vidrio, los productos químicos y los fertilizantes, con lo que se excluiría, por lo tanto, a la agricultura.

si el Mecanismo de Ajuste en Frontera de las  emisiones de carbono fuese a incluir a los productores de fertilizantes, pero excluyera a los agricultores, muy  rápidamente la  situación  se volvería insostenible. Si el Mecanismo de ajuste en frontera de las emisiones de carbono no se aplica a los productos agrícolas, tampoco debería aplicarse a los fertilizantes.

Los fertilizantes nitrogenados son el insumo más importante en la producción de cultivos y la principal partida de costes variables para nuestras explotaciones de cereales y oleaginosas.

Sin embargo,  el  precio  de  los fertilizantes  ya  es  más  alto  en Europa  que  en  otros  lugares  porque nuestro mercado de estos insumos está protegido por derechos de aduana y medida “antidumping”, que cuestan a los agricultores europeos 600 M€ al año.

Si a esto se añadiera un Mecanismo de Ajuste en Frontera, el precio de los fertilizantes se   dispararía,  aumentando aún más el coste de la producción agrícola en Europa, al tiempo que  haría más competitivo y atractivo el uso de alimentos importados.

Doble castigo

En definitiva, aplicar el  Mecanismo de Ajuste en frontera de las emisiones de carbono sólo a las principales materias primas para la producción de cultivos sería injusto y provocaría el efecto contrario al previsto, es decir, una fuga masiva de carbono  de  la  agricultura  europea. 

En  resumen, esto  ejemplifica a la perfección el  famoso “castigo doble” al que nos referimos  que sufren los agricultores, que es difícil de justificar de cara a nuestros ciudadanos.

Me gustaría llamarles la atención sobre este punto esencial. O bien la agricultura y sus sectores derivados se incluyen en el futuro Mecanismo de Ajuste en Frontera de las emisiones de carbono, o bien han de excluirse también las actividades de suministro agrícola y, en particular, los fertilizantes nitrogenados, pues de lo contrario nuestra  agricultura perderá toda competitividad.

Cuanto más complejo es un régimen y más frágil es su equilibrio, más debe escucharse a la comunidad agrícola en el seno de este debate, que promete ser esencial para la supervivencia de muchos sectores agrícolas, en especial la de los cultivos herbáceos.

Desde la perspectiva agrícola, el Mecanismo de Ajuste del Carbono en Frontera podría servir como una medida para  evitar la fuga de carbono en todos los sectores agrícolas, siempre y cuando sea coherente con el sistema arancelario europeo y con las expectativas del sector agrícola.

Nuestra posición definitiva con respecto a esta propuesta dependerá en gran medida de la  forma general, en  la cual hayan quedado la concepción, la cobertura, la administración y las repercusiones legales.

Por ello, pedimos a los responsables políticos de la UE que lleven a cabo una cuidadosa evaluación de impacto, con el fin de que podamos disponer de todos los elementos de cara a lograr una concepción de esta herramienta política, que sepa ajustarse realmente a los intereses de los millones de agricultores de la Unión.

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