Directrices para la fertilización de la cebada y el trigo con objetivos productivos variables

Frente a la elevada complejidad de las respuestas de los cultivos a la fertilización, en este artículo se indican algunas directrices que permiten optimizar la fertilización. Lo más racional sería establecer recomendaciones de fertilizantes en base a las técnicas de diagnóstico disponibles y contrastadas, principalmente basadas en los análisis de suelos. Además, los análisis de suelos permiten observar cual es la tendencia en el tiempo, lo que indicaría si la fertilización se realiza de forma adecuada.
J.M. Villar, P. Villar, J. Rufat, M. Pascual. Universidad de Lleida-IRTA.

En los cultivos de cebada (Hor­deum vulgare L.) y de trigo (Triti­cum aestivum L.; Triticum turgidum L. var. durum) el objetivo prin­cipal es obtener rendimientos elevados pero con unos parámetros de calidad va­riables según el destino de la producción.

La producción anual de trigo en la Unión Europea oscila entre 135 y 180 millones de toneladas, mientras que la cebada se mantiene alrededor de los 60 millones de toneladas. Esta elevada capacidad productiva unido a unas condiciones ambientales y a un manejo de cultivo muy competitivo va asociada a una gestión de fertilizantes que cada vez requiere mayor acierto y precisión.

La oferta de variedades de trigo y cebada es muy elevada con nuevas variedades que permiten un mayor número de granos por unidad de superficie (Ferrante et al., 2017).

La cebada se utiliza para la fabricación de piensos y para elaborar cerveza, mientras que el trigo se utiliza para la fabricación de harinas y sémolas, preferentemente para consumo humano. La proteína bruta en cereales se estima a partir del NKjeldahl. El factor de conversión de NKj a proteína en el trigo es de 5,7 y en el caso de la cebada es de 6,25 (tanto para cebada pienso como para cebada cervecera). El Real Decreto 1615/2017, de 7 de diciembre, establece una categorización para el trigo blan­do y el trigo duro en base a distintos parámetros siendo uno de ellos la proteína, expresada en porcentaje. Los trigos del grupo 1 se co­rres­ponden con valores de NKj superiores al 2,28%.

En la cebada cervecera se considera que el contenido en proteína no debería sobrepasar el 11% (1,93% de NKj) (Bekes y Wrigley, 2004). Ferraris (2011) señala que la comercialización de cebada para malta en Argentina recomienda granos de cebada grandes y contenidos de proteína entre un 10 y un 12%.

Es bien conocido que la fertilización adecuada de estos cultivos va a depender de distintos factores que además están interrelacionados. Los cereales de invierno se cultivan en ambientes muy diversos de suelos y climas y como consecuencia las producciones y las calidades de grano también lo son. Un factor significativo de esta variabilidad es la amplia disponibilidad de cultivares o variedades cuya respuesta varía según zonas, manejo de cultivo y años.

En todo el mundo se realizan anualmente evaluaciones de prácticas de fertilización (dosis, momento y tipo de fertilizante) con el objetivo de optimizar los rendimientos. La aparición de nuevas va­riedades y la introducción de nuevos fertilizantes y tecnologías justifican en par­te la necesidad de llevar a cabo este tipo de experimentos.

 


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