Urge nuevo gobierno con plenas funciones

“Confiemos en que la cordura, la sensatez y la generosidad partidaria hagan su aparición y podamos disfrutar de nuevo gobierno con funciones plenas en el próximo octubre”
Por Jaime Lamo de Espinosa, director de Vida Rural.

Querido lector:

El largo y cálido verano ya ha pasado. Lleno de fuegos forestales que han asolado toda España. Siempre causados por pirómanos locos cuyo daño suele quedar sin castigo (nueve de cada diez expedientes acaban archivados) por ausencia de identificación positiva. Es cierto que los terribles calores del verano desde su inicio y la falta de lluvias en muchas zonas habían convertido en matorrales prestos a arder numerosas hectáreas forestales de España. Y como siempre hay que recordar que “los fuegos se apagan en invierno”. Mientras que no haya ayudas regulares para la limpieza de montes, la implantación y/o limpieza de cortafuegos, la fijación de puestos de observación, la introducción inmediata de las unidades del Ejército tan pronto un fuego es detectado –la rapidez en la intervención es la clave de la extinción con recorrido corto de la lámina del fuego– etc., los fuegos serán una de nuestras terribles y lamentables constantes veraniegas.

Pero si los montes ardían en verano también lo hacía la política que tampoco fue capaz –nueva falta de generosidad– de dar una respuesta positiva a la investidura del 30 de agosto. Ambas votaciones, tras un debate interesante, irónico, mordaz y acertado, repitieron el resultado y este fue contrario para el candidato. Seguimos, pues, sin Gobierno y seguiremos todo este mes pues todo se ha paralizado a la espera de las elecciones vascas y gallegas del 25-S. Con suerte, tal vez en octubre pueda haber nueva propuesta pero nada asegura que vaya a aportarnos un presidente y un gobierno. De ser así caminaríamos hacia las terceras elecciones. Es decir, caminaremos victoria tras victoria –de aquellos que impiden el resultado– hacia la derrota final de todos.

Porque estamos ya entrando en esa derrota. Son numerosos los problemas que esta dilación, esta demora, está introduciendo en nuestra vida política. Hay muchos partidos empeñados en el “no” a los otros y pocos, solo uno, empeñado en buscar el acuerdo entre los partidos constitucionalistas.

Tenemos una España muy vulnerable por la deuda creciente, las Administraciones Públicas están gastando más que lo que ingresan, hay una cierta laxitud en exigir a los gobiernos regionales el control de su gasto y el que éste sólo se aplique a las competencias tasadas no a otras, estamos salvando el PIB del año merced al turismo pero esa no es una solución eterna, esa es nuestra fortaleza/debilidad del sistema productivo (que al 31 de agosto se procediera a la destrucción neta de empleo de unas 234.000 personas muestra bien a las claras la vulnerabilidad, fruto de la estacionalidad de este sector y la temporalidad de sus contratos), etc. Y eso indica que hay múltiples tareas que no pueden esperar.

Es necesario aprobar el nuevo techo de gasto 2017 y los nuevos presupuestos para ese año, entre otras cosas porque se corre el riesgo de que los salarios públicos queden congelados; evitar así la multa de 5.000 millones de euros con que nos amenaza Bruselas si no se presenta antes del 15 de octubre el plan de gasto y de estabilidad presupuestaria; apostar por la reducción del gasto corriente, improductivo, y por el impulso a la inversión que es lo más adecuado en un contexto de tipos de interés negativos y desempleo; desbloquear las cuentas de municipios y autonomías; evitar correr el riesgo de perder varios miles de millones de euros en fondos estructurales europeos, algunos afectos a la agricultura y la obra pública, también competencia de Medio Ambiente; es necesario trasponer una veintena de directivas comunitarias que duermen, por ahora, el sueño de los justos; hay que reactivar la licitación pública que está muriendo desde hace años con grave perjuicio para el empleo y con cierre de empresas que ya no resisten más; hay que saber cómo se resuelve la actualización de las pensiones públicas, etc.

Y, finalmente, abordar dos desafíos, uno interno, la amenazante secesión catalana, que se crece día a día ante la ausencia de respuesta, y en otro externo, la secesión ya en marcha de Reino Unido de la UE (el Brexit). Y la primera debe abordarse desde una clara y contundente dialéctica política, de una solvente pedagogía política, no desde el silencio. Como se ve no son pocas las tareas paralizadas o semi del Gobierno en funciones y que no deben, no pueden, esperar a encontrar una adecuada respuesta. Es urgente un gobierno con sus plenos poderes constitucionales.

Muchas de ellas (presupuesto, inversiones, fondos estructurales, directivas, Brexit y también el TTIP) atañen de modo especial al sector agroalimentario, el cual –digámoslo porque es digno de acreditarlo–, por otra parte, sigue comportándose de modo ejemplar en cuanto a exportaciones y saldo de su balanza comercial en estos últimos ocho meses.

En fin, confiemos en que la cordura, la sensatez y la generosidad partidaria hagan su aparición y podamos disfrutar de nuevo gobierno con funciones plenas en el próximo octubre. Sería lo más deseable para todos.

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