Minifundismo y acaparamiento, conceptos equívocos

La agricultura española se ha visto sometida a un fuerte ajuste estructural y ha visto desaparecer en la última década a unas 300.000 explotaciones. Este proceso ha sido destacado en el reciente informe Estructura de la Propiedad de Tierras en España. Concentración y Acaparamiento, impulsado por un grupo de plataformas del mundo rural y agrario, y presentado por Podemos en el Congreso de los Diputados a finales del pasado abril. El informe destaca, tras un análisis exhaustivo de los datos disponibles, que la superficie agrícola española desaparece a un ritmo de 80.000 hectáreas al año y que la distribución de la tierra en España es tan desigual como en Sudáfrica o México. La palabra acaparamiento aparece en el título y el discurso denuncia los procesos de concentración especulativa. Se concluye que “no podemos hablar todavía de que exista un proceso de acaparamiento”, aunque el informe alerta de ese peligro en nuestro país.

Por José María García Álvarez-Coque

La agricultura española se ha visto sometida a un fuerte ajuste estructural y ha visto desaparecer en la última década a unas 300.000 explotaciones. Este proceso ha sido destacado en el reciente informe Estructura de la Propiedad de Tierras en España. Concentración y Acaparamiento, impulsado por un grupo de plataformas del mundo rural y agrario, y presentado por Podemos en el Congreso de los Diputados a finales del pasado abril. El informe destaca, tras un análisis exhaustivo de los datos disponibles, que la superficie agrícola española desaparece a un ritmo de 80.000 hectáreas al año y que la distribución de la tierra en España es tan desigual como en Sudáfrica o México. La palabra acaparamiento aparece en el título y el discurso denuncia los procesos de concentración especulativa. Se concluye que “no podemos hablar todavía de que exista un proceso de acaparamiento”, aunque el informe alerta de ese peligro en nuestro país.

Es bienvenido el debate sobre la propiedad de la tierra, sobre todo para denunciar la falta de políticas de acceso para mujeres y jóvenes. Está claro que un campo solo está vivo cuando hay población agraria con territorios bien cultivados en favor de la biodiversidad y la conservación de los recursos. Sin embargo, deberíamos huir de las simplificaciones. Existe una tendencia a abusar de conceptos como minifundismo o acaparamiento que, de usarlos superficialmente, se convierten en demagógicos o simplemente no ayudan a analizar los problemas estructurales de nuestra agricultura, empezando por el abandono de tierras.

Son muchos los matices del minifundismo. Hay, en primer lugar, un problema de definición puesto que una dimensión viable depende del cultivo. En segundo lugar, muchas pequeñas explotaciones recurren a fórmulas como la agrupación de explotaciones, la comercialización o el cultivo en común. En tercer lugar, en determinadas zonas, como las áreas metropolitanas, y con productos de calidad, el minifundismo puede convertirse en un reclamo territorial y cultural para la restauración y la venta directa.

De ahí a que el minifundismo sea la panacea hay un trecho, por lo que sería arriesgado glorificarlo. A título de ejemplo, en la Comunidad Valenciana sólo un 10% de las explotaciones pueden ocupar al menos el equivalente de un empleo a tiempo completo al año. Decenas de miles de explotaciones en esta y en otras regiones españolas se verán abocadas a desaparecer o transformarse, recurriendo a una batería de fórmulas como, por ejemplo, la venta de tierras, la cesión o el arrendamiento a agricultores profesionales, la formación de comunidades de bienes y las cooperativas o SATs de cultivo en común. Y hay otras formas de organización, dentro de lo que Alicia Langreo, Eduardo Moyano y Luis Ruiz Maya, en un riguroso trabajo presentado al Congreso de Economía Agraria celebrado en Córdoba en septiembre pasado, denominaron agricultura de empresa.

Esta agricultura está emergiendo en España y no debe calificarse de una manera trivial sin analizar su contexto puesto que en muchos casos representa una verdadera oportunidad para una actividad viable y sostenible. Es verdad que ocurren movimientos especulativos con la tierra, como pasó en el período de urbanización salvaje que vivimos antes de la crisis económica, pero actualmente existen múltiples proyectos de agricultura empresarial que incorporan innovación vinculada al territorio y que requieren dimensión para ser viables. Los matices son, por tanto, necesarios a la hora de valorar alternativas para una gestión de tierras sostenible en nuestro país.

 

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