La industria agroalimentaria, primer sector industrial de España

‘Hoy España ocupa el sexto lugar del ranking de naciones exportadoras agroalimentarias del mundo. Y de seguir así las estimaciones permiten pronosticar que sus exportaciones tendrán en 2020 un peso sobre la producción de un 40%’

Querido lector:

Hace muy pocas semanas la FIAB (Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas) presentaba, con legítimo orgullo, su balance del año 2014. Y escribo, con ‘legítimo orgullo’ porque, a lo largo de este año pasado, la industria agro-alimentaria (IAA) ha mostrado sus fortalezas, ha sabido aprovechar sus oportunidades, y revelado, al tiempo, cuán pocas son hoy sus debilidades y amenazas. Por eso han podido afirmar en este documento del 5 de febrero, que estamos en presencia del ‘primer sector industrial de España’.

Veamos las razones de esta afirmación tan contundente. La IAA vio cómo en 2014 su índice de producción industrial crecía un 2,7% en alimentación y un 2,2% en bebidas y ese ejercicio ha sido el mejor para la IAA (o IAB) desde 2005, lo que refleja la fortaleza del sector. Sus cifras son muy reveladoras, la facturación anual ha sido de 93.000 millones de euros y las exportaciones representan casi una cuarta parte de sus ventas. En su conjunto representa el 2,7% del PIB español.
Y por lo que atañe al empleo, lleva seis trimestres de crecimiento constante de la EPA, mantiene una media de 480.000 personas ocupadas, y durante catorce meses ha mostrado un crecimiento continuo de afiliación a la Seguridad Social.

 

Pero quizás el dato más revelador de esa fuerte presencia económica es su papel en el comercio exterior que le ha conducido a ser un sector con una muy alta y significativa tasa de cobertura (+132,9%). Según los últimos datos de CEOE, en 2014, el sector vendió al exterior por valor de 37.188 millones de euros y tuvo una participación sobre el total de exportaciones de un 15,5% con un aumento sobre el año anterior del 4,4%.

Pues bien, ese peso solo fue superado por bienes de equipo que alcanza el 20,1%. Hoy España ocupa, así, el sexto lugar del ranking de naciones exportadoras agroalimentarias del mundo. Y de seguir así las estimaciones permiten pronosticar que sus exportaciones tendrán en 2020 un peso sobre la producción de un 40%. Y tales exportaciones se diversifican año a año, creciendo la cuota de las que se dirigen a países terceros, no pertenecientes a la UE, aunque su peso mayor se concentra, todavía hoy, en los países comunitarios.

Si examinamos la composición de ese comercio exterior vemos que frutas y hortalizas exporta 10.871 millones, cárnicos 5.108 millones, productos pesqueros 2.932 millones, bebidas 3.605 millones y ‘otros’ 10.871 millones. De ellos los que más crecen, un 10,5% anual, es el de ‘otros’ y cárnicos con un 6,9%. A ello habría que añadir otros 2.546 millones de ‘materias primas animales y vegetales’. El origen de esas exportaciones es muy importante en Andalucía, Comunidad Valenciana o Murcia. Somos, en resumen, potentes exportadores de carnes, básicamente de porcino, de bebidas, grasas y aceites, zumos y mostos, pescados y crustáceos, etc. Y fuertes importadores de pescados, también leche y lácteos, bebidas y piensos, así como azúcares, café, cacao, té, etc.

El mejor resumen del comportamiento del conjunto del sistema agro-alimentario (SAA) y en particular del sector IAA es que ha superado los años de crisis creciendo, es decir, ha tenido un comportamiento excepcional. Puede que haya sido el sector que mejor ha superado este lustro tan difícil, diversificando su producción, arriesgando sobre los mercados exteriores, al ver que el consumo interno no generaba recursos suficientes para su continuidad, saliendo de sus mercados tradicionales -la Unión Europea- y lanzándose hacia los mercados asiáticos e iberoamericanos con fuerza e iniciativa, mejorando calidades y productos, apostando por más marca y al tiempo por marcas de distribución (MDD) pero de forma equilibrada, en muchos casos también concentrando empresas -aunque todavía de modo insuficiente- y apostando claramente por la I+D+i.

 

Lástima que el movimiento cooperativo español en esta industria no haya crecido al ritmo de su homólogo europeo ni de la IAA española no cooperativa. Entre las cien primeras europeas solo vemos cinco españolas. Y en el ‘top10’ europeo del sector lácteo no hay ninguna cooperativa española, en el de carnes solo una, en hortofrutícolas otra en sexto lugar, en el vitivinícola ninguna española y, por el contrario, en el olivarero y aceituna de mesa nada menos que ocho se agrupan entre las diez primeras. Es esta una tendencia sobre la que conviene reflexionar y llevar a cabo una concentración intercooperativas que vayan mucho más allá de los localismos y las autonomías.

Lo que ha quedado descrito -creo yo- es muy importante para la producción agraria y el consumo. La IAA es el enlace natural y obligado entre la primera y el segundo. Es la que desestacionaliza la oferta agraria y la adapta en tiempos y forma al consumo. En un mundo donde los alimentos nos llegan envasados, congelados, pasteurizados, etc., no cabría concebir una agricultura pujante -y la española lo es- sin una industria transformadora a su servicio. Y hoy la demanda, nacional e internacional, crece y se diversifica sin freno. Porque, aun cuando la renta familiar crece la proporción destinada a los alimentos decrece -ley de Engel-, pero el gasto real en alimentos aumenta normalmente. Y esa demanda, sea en consumo domiciliario o en la red Horeca, es pese a la crisis, cada vez más selectiva, más sofisticada, más adaptada a las nuevas estructuras familiares, incluyendo la masa creciente de singles, con raciones más diversificadas, lo que obliga a la IAA a trabajar con más y más referencias, creando valor y utilizando una logística mucho más compleja y sistémica.

La oferta agraria necesita, pues, esa industria transformadora de sus producciones para, como fuerte eslabón de la cadena de valor, satisfacer un mercado que exige más y más calidad, menores precios, otros formatos, dietas más saludables, menores grasas, menos desperdicios, etc. Y eso es lo que la IAA ha sabido hacer, a eso ha sabido responder, con inteligencia y eficiencia en las últimas décadas y en estos años de crisis.

Y como consecuencia de ello su aportación y presencia en la ‘marca España’ es más y más valorada y apreciada en todos los índices que miden dicha aceptación y presencia. Si hiciéramos un repaso de las marcas españolas de aceites, vinos, carnes, etc., acreditadas en el mercado interno y sobre todo en el exterior nos quedaríamos asombrados. Es este un tema que debería ser objeto de examen y tesis doctorales en nuestras universidades dada su importancia.
Cuando FIAB elige como slogan ‘Alimentamos el futuro’ no se equivocan. De esa industria depende en buena medida la nutrición y la seguridad alimentaria.

Un cordial saludo

 

 

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