La difícil primavera que espera a los productores de leche

Alfredo López. Punto de Vista. AgroNegocios.
Si difícil ha sido este último otoño-invierno para el sector productor de leche de vaca, lo que les espera a nuestros ganaderos en los meses de primavera, salvo que Bruselas adopte medidas urgentes y radicales de salvación (algo que no va con su idiosincrasia), puede ser de órdago.

Sucede que en esta estación las vacas se animan y tienen la mala costumbre de ponerse a producir mucha más cantidad de leche de la que, al parecer, las empresas y el mercado pueden absorber en este momento. Eso no impida, no obstante, que se sigan trayendo cisternas de Portugal y de Francia, o productos lácteos terminados, a precios de derribo, de Alemania u Holanda.

Podría entenderse que, como la Naturaleza y los humanos, las vacas andan despistadas con el cambio climático y con el “falso” invierno que hemos disfrutado, y que, por eso, también aumentan su producción lechera más de lo que sería razonablemente conveniente y más de lo que puede atender el mercado.

Desde el fin de las cuotas lácteas, el pasado 1 de abril de 2015, el caos, la ley de la selva o el “sálvase quien pueda” es lo que más destaca en nuestro aciago sector lácteo. Antes, los primeros compradores y las industrias se veían (¿obligados?) a recoger la leche de los ganaderos que contaban con esos derechos de producción pero, desde entonces, ya no.

Solo recogen leche allí donde les es más o menos rentable o donde por logística les cuesta menos recoger. Y más en una situación de exceso de oferta de materia prima y de libertad total de entrada de lácteos en nuestro mercado, que se contrapone a una demanda bastante apática. Apenas existe negociación entre las partes que valga. Ellos son los que fijan las condiciones y todas las exigencias de las entregas de leche. Si las aceptas, bien, y si no, te abandonan, dejan la ruta y ahí te las compongas con tus vacas y tu explotación.

Es probable que haya muchos ganaderos atrapados en esta incertidumbre que se ha apoderado de nuestro sector productor de leche y que no sepan por dónde tirar, dudando sobre si quitar vacas y limitarse a producir y entregar lo que les digan, si secarlas o sacrificarlas, o si abandonar de una vez y para siempre una actividad que ahora mismo es bastante poco agradecida.

Pesan las deudas contraídas, pero qué se puede hacer en una situación donde no queda margen y conviven malamente contratos en los que, por un lado, hay una leche de tipo A, por llamarla de alguna forma, con precios que van de 0,25 a 0,32 €/litro (frente a unos costes de producción de entre 0,30-0,35 € litro) y otra leche de tipo B, referenciada a leche en polvo, a precios de entre 0,16-0,20 €/litro de auténtica ruina.

Y qué se puede hacer cuando la que aumenta en el mercado es la leche de tipo B, mientras que la de tipo A se mantiene congelada, “contingentada” como si siguiera existiendo, virtualmente, el régimen de cuotas para producir, pero ahora en manos de la industria y del resto de compradores.

Por si alguno no se hubiese enterado, el futuro del sector se juega en estos momentos y en estas circunstancias tan adversas. Hace falta altura de miras para decir a las claras qué es lo que se quiere o lo que se busca, y qué es lo que se puede hacer. Si no se adoptan ya soluciones relevantes para salvar a buena parte de nuestras ganaderías de vacuno de leche, es posible que no dentro de mucho no haga falta ni pensar en ellas.

 

El DATO

Unos 200 M€ de la UE y la FAO para el proyecto “Gran Muralla Verde” en África

La UE y la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) liberaron 200 M€ para promocionar el proyecto “Gran Muralla Verde” (GMV) en seis países africanos de la zona del Sahara y el Sahel (Mauritania, Nigeria, Níger, Burkina Faso, Gambia, Senegal), con el fin de optimizar los recursos disponibles para poder llegar directamente a las comunidades locales. La GMV se inscribe en el marco de acciones de la COP 21 de París y, a su vez, en un proyecto más grande, “Acción contra la desertificación”, para luchar contra la degradación de las tierras y de los medios de vida de las personas que viven en esas zonas.

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