La burocratización de la PAC

‘El mayor coste burocrático en términos de gasto público y el coste adicional para los agricultores y ganaderos de este largo proceso administrativo no será pequeño. Puede que muchos tengan la tentación de desfallecer en el proceso, pero no deberían hacerlo’.
Querido lector:

Hace ya casi veinticinco años, en 1991, cuando acaba de formularse la Propuesta de Reforma de la PAC, la Revista de Estudios Agro-Sociales, elaboró un número, el 156, consagrado a tal cuestión tratando de medir las consecuencias que aquella nueva PAC tendría sobre las diferentes agriculturas europeas y, en concreto, sobre la española. Habían pasado ya treinta años desde el inicio de la PAC y era evidente que aquel statu quo debía ser cambiado. Muchas de las ideas y principios allí contenidos han llegado hasta la PAC que ahora abandonamos y también se observan retazos de aquellos cambios en la nueva PAC que nos llega en estos meses.

Esta introducción viene motivada, sobre todo, porque en el artículo que publiqué en aquel número y que titulé ‘Reflexiones críticas sobre la nueva PAC’ formulé una queja, un pensamiento, una crítica -la quinta- que con los años se ha visto que estaba bien fundada, desgraciadamente. Me refiero a la burocratización de la PAC, de aquella que nacía y más aún de la nueva. Escribía entonces ‘El sistema de ayudas directo no es más sencillo de manejar burocráticamente que el actual. En el presente las atribuciones de ayudas las decide el mercado, a través de estadísticas de precios semanales o medios. Estos son constatables con facilidad.

El nuevo sistema exigirá unos listados de todos los agricultores comunitarios, con sus acreditaciones de producción vendible, tal vez incluso con la de sus superficies cultivadas o animales en producción para, en función de todo esto, atribuir la ayuda directa. ¡Un buen pandemónium nos espera! Los agricultores europeos tendrán que dedicar más tiempo a rellenar papeles y formularios que a trabajar en la agricultura. (¿Será así como piensa la CEE reducir la producción?). Bromas aparte, la burocracia para controlar las nuevas actuaciones y evitar el fraude deberá ser más frondosa, sin duda, que la actual’. Esto escribía en 1991, hace casi veinticinco años.

Pues bien, ahora que nos llega el momento de empezar a rellenar los nuevos formularios, los cuadros, llenos de recintos, cultivos, etc., releo aquellas líneas y lamento no haber errado. Porque ¡qué infierno! Los llamados ‘decretos consecutivos’ – como así los denomina un notorio agrarista experto en temas jurídico-agrarios- publicados el 20 de diciembre de 2014 en el número 307 del BOE y siguientes y que suman cientos de páginas, darán lugar a una modificación sustantiva de las ayudas, sus percepciones, sus perceptores o beneficiarios, y será necesario para su precisa determinación muchas horas de ordenador y de ayudantes técnicos para completar con éxito tal tarea. Y además darán lugar a innumerables conflictos jurídicos entre administrados y administración y entre propietarios, arrendatarios, usufructuarios, etcétera, etcétera.

No envidio a aquellos funcionarios que en el Magrama hayan tenido que enfrentarse a trasponer los Reglamentos comunitarios y elaborar estos Reales Decretos. Son complejos, pero es que no pueden dejar de serlo, porque la legislación comunitaria es aún más abstrusa, confusa y a veces difusa. Un nuevo paquete de definiciones y conceptos son necesarios para entender y adaptarse a las nuevas normas: agricultor activo, derechos de pago básicos, su valor y número, condiciones artificiales, beneficiario inesperado, superficies admisibles, cesión de derechos, reserva nacional, retenciones aplicables, comunicaciones a las varias administraciones públicas concernidas, régimen simplificado, comarcas afectadas, prácticas beneficiosas para el clima, etc. Y cada Real Decreto va acompañado por un conjunto de anexos fáciles de firmar pero complejísimos de entender por cuanto se refieren a cláusulas y reglamentos poco accesibles para los mortales agricultores.

Serán necesarios más expertos y más funcionarios para preparar aquéllos los impresos y formularios a presentar y examinar y controlar éstos, que todo aquello que se presenta por ventanilla se acredita debidamente. El mayor coste burocrático en términos de gasto público y el coste adicional para los agricultores y ganaderos de este largo proceso administrativo no será pequeño. Puede que muchos tengan la tentación de desfallecer en el proceso. Pero no deberían hacerlo porque a esta PAC le seguirá otra en 2020 y en esa, que se avizora en el futuro, todos estos antecedentes serán parte de las ayudas -si es que para entonces existen- de esa futura PAC. Porque al igual que ahora habría que haber partido de una ‘PAC base cero’, es decir, de nuevo, en 2020 se proseguirá sobre lo existente con modificaciones, o no habrá nada.

En fin, a estudiar y a trabajar en el papeleo. La Unión Europea así nos lo exige. El Ministerio acata órdenes. Y nosotros, los agricultores y ganaderos, como en la vieja mili, debemos cumplirlas aunque nos abrumen. ¡Suerte amigo!

Un cordial saludo

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