Imaginación al poder para reducir los injustos costes energéticos

Andrés del Campo. Presidente de Fenacore.
En un momento en el que los costes de la luz hacen inviables buena parte de los regadíos modernizados, los regantes nos las vemos y nos las deseamos para poder hacer frente a la factura. Sin embargo, como suele decirse, la necesidad agudiza el ingenio, así que no podemos desistir en la búsqueda de soluciones creativas que nos permitan un abastecimiento a menor precio.

Si bien es cierto que la nueva fiscalidad eléctrica y la reducción de módulos suponen un ahorro anual aproximado del 30%, se necesitan soluciones complementarias que compensen el sobrecoste de más de 300 millones de euros que venimos pagando a las eléctricas desde que en 2008 desaparecieran las tarifas especiales, con la excusa de cubrir el déficit de tarifa.

Esta motivación es la que nos llevó a pensar en la filosofía de la economía a gran escala y agruparnos para poder comprar energía más barata. De aquí nació la central de compras, a la que poco a poco se van adhiriendo nuevas comunidades de regantes.

Sin embargo, no crean bajo ningún concepto que para Fenacore la central de compras es la solución al problema, ni mucho menos; estamos sólo ante una salida de emergencia que nos permitirá hacer más llevaderas unas tarifas eléctricas que, como digo, han disparado los costes de la luz a la enésima potencia. De hecho, los costes fijos se han incrementado en más de un 1.000%, provocando que el encarecimiento medio de la factura haya sido superior al 100%. Literalmente insostenible.

Es por esto que a la central de compras se unen otras inicitivas relacionadas directamente con el fomento de la producción de energía distribuida. Estamos llevando a cabo auditorías energéticas para poder determinar cómo aprovechar las características propias de cada explotación para producir la energía más adecuada para autoconsumo (hidroeléctrica, eólica…). Por ejemplo, las pruebas piloto que se han hecho en la Acequia Real y en el Canal de Aragón y Cataluña aprovechando los desniveles del terreno para ahorrar energía eléctrica están generando ya ahorros sustanciales.

Proyectos europeos a gran escala

También tenemos en marcha pruebas piloto para impulsar la energía fotovoltaica. De hecho, los resultados obtenidos en el pozo Candela del Alto Vinalopó, en la Comunidad Valenciana, han permitido sentar las bases de un proyecto europeo a gran escala, como es Maslowaten.

Con el firme apoyo de la Unión Europea, que ha aportado cinco millones de euros para su financiación, y realizado en estrecha colaboración con la Universidad Politécnica de Madrid así como con empresas y universidades de otros países. Este proyecto permitirá levantar un total de cinco grandes estaciones de bombeo que se alimentarán con energía solar fotovoltaica, repartidas en diferentes zonas regables de España –que cuenta con dos plantas-, Italia, Portugal y Marruecos.

Estas cinco plantas solares –integradas por placas móviles ubicadas en superficies pequeñas que se giran con el movimiento del sol para aumentar su rendimiento- están siendo capaces de producir una media de 200 kilowatios de energía fotovoltaica, y se espera conseguir un ahorro medio de hasta el 60% en el coste de electricidad, durante la amortización de las placas, y hasta el 30% en consumo de agua. Unas cifras nada desdeñables.

De esta forma, Maslowaten supone ahora un salto cualitativo y cuantitativo, al permitir demostrar a gran escala los resultados del pozo Candela, poniendo sobre la mesa la rentabilidad de la energía fotovoltaica y sirviendo además de referencia a los regantes de todo el arco mediterráneo, que comparten con nosotros la necesidad de reducir los costes derivados del alto consumo energético de los sistemas de riego más tecnificados.

Como estamos viendo, los resultados demuestran que aprovechar las características propias de cada zona regable para la autoproducción de renovables es una medida más que viable para ayudar a compensar el sobrecoste energético. De esta forma, con las cifras del proyecto Malowaten sobre la mesa, insistiremos a la Administración para que articule la normativa marco que permita no sólo avanzar en la modernización de regadíos de acuerdo a una doble eficiencia: hídrica y energética, sino también impulsar la producción de energía distribuida para autoconsumo con el fin de reducir los gastos asociados al transporte de la electricidad y así hacer efectiva una reducción de las tarifas.

Nada es imposible

Aunque estemos en manos de un sistema eléctrico que pretende hacernos creer que no es posible rebajar los excesivos costes energéticos, lo cierto es que sí y desde Fenacore lo estamos demostrando. Por supuesto, tampoco acabaremos aquí. Seguiremos defendiendo con uñas y dientes la necesidad de un escenario tarifario más competitivo, razón que nos conducirá hasta los pasillos del Ejecutivo cuantas veces sea necesario para insistir en pagar por la potencia real registrada y no por la máxima contratada para evitar el gasto de un servicio que no utilizamos fuera de la época de riego.

Seguiremos insistiendo en la despenalización del uso de las tarifas de temporada o bien, la firma de más de un contrato por año: uno anual con una mínima potencia para el suministro básico del mantenimiento de los equipos y otro de temporada para los meses de máximo consumo.

Los regantes no estamos pidiendo un imposible, ni tampoco una subvención. Simplemente solicitamos costes energéticos justos porque con las tarifas actuales la agricultura en general y el regadío modernizado en particular están condenados a desaparecer. Estamos hablando de un sector que, no lo olvidemos, también actúa como motor de la economía del país, con una aportación al PIB del 2,8% en la producción, pero superior al 15% si se tiene en cuenta todo el complejo agroalimentario asociado. Confíemos en que el nuevo Gobierno haga valer también la importancia de estas cifras.

 

 

 

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