Fenacore insta a poner en marcha medidas estructurales ante el cambio climático

Inundaciones en pleno mes de junio, seguidas de una intensa ola de calor, donde los termómetros superan los 40 grados en prácticamente todo el país. Con este inestable escenario como contexto, el presidente de la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore), Andrés del Campo, incidió en la necesidad de mantener una actitud proactiva ante el cambio climático.

El presidente de Fenacore instó a la Administración a no resignarse ante las consecuencias derivadas de las lluvias torrenciales y la extrema subida de temperaturas, propias de este fenómeno, sino por el contrario asumir medidas estructurales como las obras de regulación y la limpieza de cauces y riberas.

Del Campo, que realizó estas declaraciones con motivo de una jornada sobre la implantación de la Directiva Europea de Inundaciones celebrada en Madrid, señaló que de la misma manera que se actúa con anticipación en otros ámbitos que resultan tan familiares como la seguridad vial, es preciso diseñar un plan de prevención que minimice los efectos adversos de fenómenos climáticos extremos, cada vez más frecuentes.

En este sentido, advirtió que no hay que limitarse a poner en marcha medidas coyunturales para actuar ante casos de urgencia cuando la catástrofe ya se ha producido, o a elaborar mapas de ‘puntos negros’ con las zonas más sensibles e incluso calendarios con fechas críticas, sino que es necesario anticiparse con medidas estructurales de fondo para evitar las consecuencias económicas del calentamiento global, sobre todo en las regiones que viven de la agricultura de regadío.

 

Medidas estructurales

Para Fenacore, entre las medidas estructurales que es necesario llevar adelante para reducir los riesgos de inundaciones destaca la regulación de los ríos, tal y como establece precisamente la normativa comunitaria (Directiva 2007/60/CE). La
ejecución sostenible de obras de regulación como son los embalses permitiría aumentar al menos en un 25% la capacidad de las reservas superficiales de agua para poder hacer frente a estos efectos adversos del cambio climático.

Según Del Campo, ‘aunque resulte una medida impopular entre determinados sectores políticos y ecologistas, avanzar en estas infraestructuras producirá un doble efecto: evitar los daños producidos por las lluvias -que, como estamos viendo, aunque espaciadas en el tiempo se vuelven más torrenciales- y disponer de agua garantizada en los periodos de sequía’.

Además, la red de canales y embalses existentes en un territorio es un síntoma de su nivel de desarrollo, por lo que siguiendo este baremo Europa estaría todavía ‘en vías de’. De hecho, si dejara de llover y la sociedad europea dependiera para su
abastecimiento sólo de sus reservas actuales de agua, únicamente tendrían recursos garantizados para 72 días, frente a los 850 días de, por ejemplo, California.

En está línea, está demostrado que los efectos del cambio climático serán más graves en los países que menos reguladas tengan sus cuencas hidrográficas; una situación que España y sus vecinos del entorno Mediterráneo tienen en común.

El análisis y estudio de las zonas de los ríos que necesitan una limpieza de cauce y ribera o un dragado en determinados tramos de su recorrido es otra de las medidas defendidas por Fenacore para reducir las graves consecuencias económicas de las inundaciones.

Sin ir más lejos, las inundaciones sufridas el pasado mes de marzo por el Ebro a su paso por Zaragoza dan buena muestra de que si el río tiene cada vez menos calado, provoca que inevitablemente en época de crecida el área inundable sea mayor, produciendo no sólo más daños sino también más severos. De hecho, de los 3.000 metros cúbicos por segundo que circulaban en 2003 cuando se produjo la anterior crecida, se pasó a un caudal de 2.600 metros cúbicos/segundo, aunque las consecuencias fueron más graves.

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