Se afianzan los problemas climáticos en el Hemisferio Norte. A este lado del Atlántico, a los ya consabidos de ausencia de lluvias y altas temperaturas que asolan el norte del Viejo Continente, se suman ahora estos mismos pronósticos de sequía en el Valle del Volga. Y ya sabemos cómo se las gastan los gobernantes rusos: ante la amenaza de falta de abastecimiento de grano en su mercado interno, cierran el grifo (léase sus fronteras) caiga quien caiga (léase países más pobres y aquellos con mayores riesgos inflacionistas). En EE.UU., los contratiempos, siendo otros, no son menos importantes: mientras allí las inundaciones siguen retrasando considerablemente las siembras de los llamados cultivos de primavera (maíz y soja), las variedades USA de trigos de invierno tampoco presentan un estado todo lo bueno que sería deseable.
Ya se puede afirmar que nos encontramos en pleno weather market. Así, los mercados empiezan a partir de este momento a cotizar perspectivas en lugar de realidades: las precipitaciones o la ausencia de éstas, la subida o la bajada de las temperaturas en este final de ciclo ganan protagonismo y se traducen en números rojos o verdes en las pantallas en las que se reflejan las negociaciones de los futuros sobre grano.
El tsunami, precedido de un fuerte terremoto, sufrido por Japón ha desestabilizado de manera brusca la mayor parte de los mercados organizados, no siendo ajenos a esta corriente aquellos en los que se negocian las materias primas agrícolas. Aparte del efecto huída que un fenómeno así provoca en los capitales especulativos invertidos en activos de riesgo, este se multiplica en el caso de aquellos que tienen como subyacente productos tales como el trigo, el maíz o la soja, de los que el país nipón es uno de los principales importadores mundiales.
Después de la tormenta parece que esta semana ha llegado la calma a los mercados del cereal. Así, tras las convulsiones que experimentaban las bolsas de grano de todo el mundo durante los últimos días de febrero, con el comienzo de marzo la indefinición se ha apoderado de las mismas.
Después de cuatro meses y medio de alzas ininterrumpidas, los futuros de trigo que cotizan en la bolsa francesa Matif empezaron a dar esta semana los primeros síntomas de agotamiento. Tengamos en cuenta que en este lapso se han acumulado ganancias de cerca de 80 €/t, a los que habría que añadir 50 €/t de subidas habidas durante los cuatro meses previos de la actual campaña. Pero como hemos indicado en otras ocasiones, ningún árbol llega al cielo...
Poco o nada ha variado el escenario, en lo que a la actividad comercial de granos en España se refiere (o a la ausencia de ésta, más bien), en estas primeras dos semanas de febrero. Los potenciales consumidores continúan desaparecidos y, aunque todo apunta a que les quedan gran parte de las coberturas pendientes de realizar de marzo en adelante, nada les hace desistir de su política de comprar hoy lo que van a necesitar mañana.
Finalizó el mes de enero en un ambiente de pesimismo generalizado entre los operadores de grano ante la falta de actividad. La caída de los consumos han mantenido desaparecidos a los compradores que consiguen subsistir alargando los stocks y acudiendo al mercado de reventas para las necesidades más acuciantes. Los comerciantes tampoco muestran gran entusiasmo en deshacerse de la mercancía comprada meses atrás a precios significativamente más bajos que los actuales y que podrían vender obteniendo un considerable beneficio, debido principalmente a los riesgos financieros que tienen que asumir con un sector, el ganadero, muy, pero que muy tocado.
Persiste la apatía y el desánimo entre los consumidores de cereal en España, más acentuado en el caso de los fabricantes de pienso que observan con desesperación como cada día son más las granjas y explotaciones ganaderas que echan el cierre. Pero no nos olvidemos de los harineros, que vienen argumentando una caída de los consumos en el último año de entre un 10 y un 20 %.
Se pone en marcha una campaña por los cincuenta años de la Política Agrícola Común
La Comisión Europea ha puesto en marcha la campaña de comunicación CAP@50 para celebrar el quincuagésimo aniversario de la Política Agrícola Común, uno de los pilares de la integración europea, que ha aportado a los ciudadanos europeos medio siglo de seguridad alimentaria y un entorno rural vivo. La campaña de comunicación, que durará un año, incluye un sitio de Internet interactivo, una exposición itinerante, materiales audiovisuales e impresos y varios actos que se celebrarán en Bruselas y en los Estados miembros.