¡España despierta! La regeneración económica y social empieza con la siembra

Pedro Narro. Director técnico de ASAJA-Bruselas y presidente del Grupo de Seguimiento EuroMed del Comité Económico y Social (CES)

Me estoy haciendo mayor. Cada vez con más frecuencia omito de mi lectura y mis oraciones los artículos y reflexiones sobre la necesidad de concentración de oferta y del relevo generacional en el campo. Son pilares fundamentales en cualquier estrategia agrícola, pero seguimos haciendo el mismo diagnóstico desde hace 20 años sin vislumbrar ni un ápice de cambio. Sin embargo, creo sinceramente que estamos hoy ante un punto de inflexión donde tenemos que decidir si nos interesa que la agricultura se convierta en un sector de futuro para unos jóvenes desencantados, frustrados y con escasas expectativas laborales.

Deseo hablar de jóvenes y no dar ni una sola estadística. Los datos ayudan a visualizar un campo envejecido y masculinizado, pero a veces son engañosos. Cualquier agricultor de 50 años mira a su alrededor y puede sentirse eternamente joven. Más allá de estadísticas y datos macroeconómicos la cuestión clave es de otra naturaleza.

Ha llegado el momento de poner los cimientos para que una nueva generación aproveche las oportunidades del sector agrícola. La desafección ante las instituciones, la crisis y el asco hacia el sistema pueden mitigarse si los poderes públicos, las entidades financieras y las organizaciones de agricultores y cooperativas interiorizan que los jóvenes agricultores son parte de la solución.

Por mucho que lo repitan expertos y sociólogos, me niego a pensar que nos encontremos ante una “romántica” vuelta al campo de unos jóvenes que, atraídos por la agricultura ecológica, la vida rural y el amor hacia lo local, han decidido consagrar su vida a la agricultura. La motivación es otra. La crisis y la falta de oportunidades conducen a los jóvenes, en una inmensa mayoría procedentes de un entorno agrícola, a volver al mismo de una forma “transitoria”. El desafío es aprovechar la coyuntura y convertir lo transitorio en una vocación permanente, es decir, que los jóvenes puedan pensar que el sector agrario les ofrece perspectivas de futuro y la necesaria rentabilidad.

En el Sur del Mediterráneo, la inacabada primavera árabe se inició por los jóvenes en el medio rural ante su situación de pobreza y exclusión social. No es descabellado pensar que en el Norte del Mediterráneo puede provocarse el efecto inverso: iniciar la regeneración económica y social de nuestro país, a partir de un medio rural más vivo y dinámico que nunca.

El hecho de que la agricultura española esté en manos de jubilados es una realidad que demuestra la necesidad de que los agricultores tengan pensiones dignas y puedan cesar en la actividad con garantías. La UE se deshizo de un plumazo de la medida tradicional del cese anticipado, pero deben aparecer nuevos incentivos para suceder a los agricultores mayores y un mejor asesoramiento especializado, que faciliten la tarea de modernizar el sector a través de un nuevo capital humano. Tal vez no tan bien preparado como pensamos pero, sin ninguna duda, perfectamente posicionado para aplicar la innovación y las nuevas tecnologías a nuestra agricultura.

Paquete Joven

¿Quién da más? Ante la tentación de dar cifras de futuras nuevas incorporaciones al sector…..15.000… 20.000…35.000, debemos anteponer las cifras de cuantos de ellos, al cabo de 3 o 5 años, seguirán siendo agricultores con perspectivas de futuro. La incorporación ha sido el pilar angular de nuestra política de jóvenes, pero favorecer el acceso a la profesión no significa que al cabo de unos años su continuidad esté asegurada. Por ello, resulta imprescindible retomar la idea de un Paquete Joven, que permita dar una respuesta integral a las necesidades específicas de los jóvenes que, por obligación o por devoción, se acercan al sector agrario.

Las entidades financieras tienen su responsabilidad y pueden ganarse otra vez el crédito perdido si lo conceden a los jóvenes para desarrollar su explotación agrícola o ganadera. Las Administraciones tienen que simplificar los trámites y facilitar la primera instalación con recursos financieros adecuados. Resulta sencillo pedir más fondos y también negarlos. Sin embargo, la Administración tiene que ser consciente de que la inversión pública en este ámbito puede generar numerosas “externalidades positivas”, como dicen mis profesores de Universidad y amantes de la jerga comunitaria.

La crisis nos conduce a todos a luchar por la supervivencia y faltan estímulos para poner en marcha estrategias a medio y largo plazo. Sin embargo, las crisis hacen emerger a un grupo de jóvenes preparados, profesionales, pero sobre todo motivados, que pueden ser los factores del cambio.

Un puñado de estos jóvenes han formalizado una sectorial, ASAJA Joven, que desea ser práctica, concreta y dar soluciones a las preocupaciones reales de los agricultores.

Jóvenes referentes

En los últimos años han sido varios los jóvenes agricultores españoles, que han visto su labor premiada y reconocida en el ámbito nacional y europeo. Estos jóvenes han ganado premios a la innovación agraria y a la sostenibilidad por delante de colegas de Alemania, Francia, Austria o Reino Unido, convirtiéndose en referentes y demostrando que tenemos un capital humano que, más allá de recibir alabanzas en discursos y ponencias, debe guiar y asesorar el diseño de una nueva estrategia.

Muchos jóvenes no aspiran a ser expertos en PAC, sino en poder ser capaces de profesionalizar la gestión de su explotación, ganar competitividad y mejorar la comercialización del producto. En muchas cooperativas francesas encontramos jóvenes en sus órganos de decisión, implicados en las decisiones de su cooperativa. En España, el panorama es muy diferente y para algunos hasta desolador. Los jóvenes tienen que reclamar su papel en las organizaciones agrarias y participar activamente en las decisiones de su cooperativa.

Los antisistema o las amenazas al sistema se multiplican, pero el objetivo es que los jóvenes cambien el sistema desde dentro, favorecer su implicación. El joven que se asocia, que pone en común sus ideas y pelea en las instituciones por mejorar su profesión, será en el futuro un aliado imprescindible para reconstruir nuestra economía y nuestros valores. Si las Instituciones consiguen tener amplitud de miras estaremos dando una oportunidad al campo español para que sea fuente de riqueza y empleo.

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