Agustín Herrero: “Es mucho más difícil gestionar una cooperativa que una empresa mercantil”

Entrevista a Agustín Herrero, nuevo director general de Cooperativas Agro-alimentarias

Veinticinco años en el mundo cooperativo y 20 como subdirector de Cooperativas Agro-alimentarias ¿Ha cambiado mucho el panorama desde cuando comenzó?

Ha cambiado todo muchísimo. La sociedad, el sector, las cooperativas. Hace 25 años acabábamos de entrar en la Comunidad Económica Europea (CEE), con una agricultura que no tiene nada que ver con la de ahora en términos de tecnología, productividad, mercados…etc. Con una política agraria con precios de intervención. Nuestro trabajo era, básicamente, debatir con el FORPPA (organismo para la ordenación y regulación pública de los precios de los productos agrarios) los precios de campaña, los indicativos, los de compra por intervención. De esa PAC superregulada y superintervenida a la de ahora, en la que no existe prácticamente ningún mecanismo de regulación de la oferta y tenemos que inventar soluciones en caso de desajustes de mercado, que ves además que no son eficaces, pues hay un cambio radical.

 Si el cooperativismo es tan bueno para defender los intereses económicos del sector productor, ¿por qué no todos los agricultores y ganaderos están en cooperativas?

 Soy un firme convencido de que el cooperativismo es la mejor herramienta que tienen los agricultores para defenderse en el mercado. Incluso más ahora que antes, que hace 40 o 50 años. Cuando España entra en la antigua CEE, la política agraria proteccionista defendía al agricultor de las fluctuaciones de mercado y le garantizaba una renta mínima. Hoy eso no existe y la principal fuente de renta es el mercado, y para estar ahí tienes que ser un operador eficiente. Un agricultor individual está perdido en el mercado y, por eso, el cooperativismo es más necesario que lo era en aquel momento. Creo que en el modelo de producción agraria familiar que tenemos, que es la base de nuestro sector, o lo es en cooperativas o lo tendrá muy difícil para sobrevivir.

Pero hay cooperativas y cooperativas.

Es verdad  también que no sirve cualquier tipo de cooperativa, no las de hace 50 años. Estamos en un cambio importante y paulatino de modelo. Los mercados no respetan ahora nada, no hay ningún miramiento para la producción y hace falta muchísima eficiencia para no depender totalmente de algo que no controlas. Todo eso está produciendo una nueva adaptación del sector agroalimentario español, igual que sucedió cuando entramos en la CE. En estos próximos años se va a producir un cambio muy importante y espero que las cooperativas ofrezcan las soluciones que necesitarán los agricultores. Muchas están ya preparadas y otras tendrán que hacerlo. En cualquier caso, hay un cúmulo de circunstancias para que no haya más agricultores asociados. Por ejemplo, venimos de un tipo de PAC que no hacía tan necesario asociarse en cooperativas y  el sector se ha estructurado en función de esos condicionantes. Existe una red de intermediarios y de gente a quienes no les interesa la organización del campo, porque sobrarían ellos y, por eso, hacen todo lo posible para estar muy cerca de los agricultores y mantener su posición. Tampoco las instituciones se han planteado el cooperativismo como la solución estructural para nuestro modelo de explotación agraria familiar y, por tanto, los incentivos y  apoyos que han estado aportando no favorecen, como deberían, la integración, sino casi más bien la dispersión. Y a todo esto se añade nuestra cultura individualista del Sur de Europa.

Con insistencia se dice que estamos aún lejos de la dimensión y la capacidad de negociación de las cooperativas holandesas o alemanas, pero ¿debemos ser iguales a ellas o  no?

En algunas cosas tendremos que aspirar a parecernos y en otras no. Evidentemente, España y Holanda son muy diferentes desde el punto de vista geográfico y productivo y, por tanto, no es posible importar el tipo de cooperativismo de ese país. Aquí tenemos otro tipo de cultura, de relaciones, de diversidad productiva y geográfica. Pero sí nos tenemos que parecer en la profesionalización y en la dimensión al Norte de Europa. Para atender y estar presente en los mercados hacen falta unidades de negocio fuertes, profesionalizadas, potentes, con recursos para innovar e invertir, y para eso hace falta dimensión.

Una de las claves ¿es  producir como local y comercializar en global?  ¿El mundo es el mercado o el mercado es el mundo, y más ahora con las nuevas tecnologías?

Comparto la filosofía que subyace en la pregunta. Necesitamos un cooperativismo que esté cerca del agricultor. De ahí lo local y el apoyo a la mejora de la eficiencia en la producción. Las cooperativas son un vehículo de apoyo, de modernización, innovación, de inversión, de servicios pero, evidentemente, el mercado es global y para estar ahí hace falta dimensión y profesionalización, capacidad operativa y financiera, presencia exterior. Ese es el modelo a conjugar: proximidad al agricultor, pero también presencia en el mercado en condiciones de ser operadores importantes del mismo.

Algunos piensan que la integración cooperativa va más despacio de lo deseable. ¿De qué es más partidario, de la integración asociativa o societaria, o de la integración comercial?

Soy partidario de lo óptimo. Pero, claro, como se suele decir, lo mejor es enemigo de lo bueno. Hemos apostado por la integración comercial, pero con fidelidad. No hablamos de proyectos de corta duración, sino que nos planteamos que sean estables a lo largo del tiempo. Observamos que las integraciones patrimoniales, societarias, las fusiones…son muy difíciles de llevar a cabo, al entrar en juego mucho más elementos que los del mercado. La fusión es quizás la vía más óptima y más eficiente de integración pero, a la vez, es la más lenta. Por eso, apostamos por formas de integración comercial estable, más rápidas de crear, porque lo importante de cara al mercado es te puedas presentar con una unidad con volumen de producto, marca, gama, etcétera.

¿Son muchas o pocas las cuatro EAPs  supra-autonómicas  existentes (Dcoop, Oviespain, Grupo AN, EA Group?  ¿En qué otros sectores productivos podrían o deberían crearse?

En número son pocas, pero algunos de los estímulos o instrumentos para su creación acaban de ponerse en marcha este mismo mes. Nos gustaría que hubiese más y, desde luego, trabajamos para motivar que las haya. Pero tampoco el objetivo es que haya muchas. Los grupos cooperativos, ya reconocidos como EAPs, pueden seguir creciendo con más entidades asociativas. Es verdad también que hay otros sectores en los que sería interesante que se promoviera alguna entidad prioritaria, entre ellos el lácteo, pero no es fácil y menos en estos momentos de crisis. Trabajamos para intentar que haya algún movimiento en este sector, pero sabemos que ahora no es el más idóneo. El sector de frutos secos también puede hacer algo en este sentido y en el hortofrutícola se están produciendo movimientos. Estos sectores son los que más están trabajando en esta línea y otros muchos ya tienen una entidad prioritaria de referencia.

¿Es necesaria una mayor integración autonómica inicial con la que después dar el salto a una integración mayor?

El movimiento generado por la Ley de Integración Cooperativa no termina solo en las EAPs de carácter supra-autónomico, sino que ha motivado que en las CC.AA. también se mueva algo en este sentido. A las CC.AA. les hemos dicho que la idea de una mayor dimensión y  de integración cooperativa no es solo patrimonio de la Administración General del Estado, ni de lo supra-autonómico. Por tanto, los movimientos que se pueden hacer en su ámbito territorial son imprescindibles y solo pedimos que, además, sean complementarios y coherentes con los existentes a nivel nacional, generados por la Ley de Integración. Existen proyectos interesantes e incluso disposiciones que apoyan la integración en entidades más amplias en varias CC.AA y todo eso dará sus frutos en el medio plazo.

Pero también existen apoyos a las cooperativas en algunas CC.AA. que comienzan y acaban dentro de los límites de su territorio y no van más allá.

La realidad es que tenemos el Estado y la configuración administrativa y territorial que tenemos, con un amplio autogobierno en las CC.AA. Pero debemos trabajar por la vía de la convicción. No creo en la imposición, que genera resistencia y rechazo, pero sí en convencer, en proponer y en dar explicaciones, y ahí estamos. En algunas zonas habrá más sensibilidad o será más rápida. En otras, en cambio, no. Pero no vamos a renunciar a explicar que los mercados no entienden de fronteras, de provincias, de regiones, sino solo de volumen y de operadores con dimensión que estén en todos los sitios para responder y competir con las mismas armas y bagajes que ellos.

¿Para cuándo las integraciones transnacionales o los acuerdos comerciales entre cooperativas de diferentes países?  

A corto plazo, no las veo, más allá del tipo de colaboraciones que ahora tenemos. Nos cuesta casi ver las integraciones supra-autonómicas, con que ver más lejos…Pero las entidades asociativas van creciendo, cada vez tienen una visión más amplia de lo que es el mercado y sus necesidades. Estos grupos cooperativos son los que van a protagonizar alianzas y acuerdos, no solo con otras cooperativas, sino incluso con otro tipo de sociedades mercantiles. Al final, en la medida en que este tipo de entidades crezcan y accedan a clientes más importantes, verán la necesidad de encontrar aliados en las fases de producción, sobre todo industrial, para satisfacer las necesidades de esos clientes. Ese es el modelo que se está viendo ya hoy, por ejemplo, cuando el grupo Anecoop hace alianzas con empresas en Estados Unidos o cuando AN tiene alianzas con otros grupos cooperativos italianos o franceses para complementar su oferta.

El ideal de un grupo cooperativo  fuerte ¿sería cerrar todo el ciclo productivo-comercial, ocupando la mayor parte de los eslabones de la cadena de valor, incluso la distribución, llegando directamente al consumidor?

La teoría dice que sí. Cuantas más fases de la cadena de valor se asuman, más valor añadido se capta para la renta de tus socios. Pero fácil no es. A medida que avanzas en la cadena, las tareas son más complejas. Y eso no va a estar al alcance de todo el mundo. En este momento nos tenemos que conformar, sin excluir excepciones, con seguir avanzando en transformación y comercialización para llegar en las mejores condiciones posibles a la distribución. Es el reto inmediato y en el que debemos concentrar nuestros esfuerzos.

Uno de los retos permanentes de nuestro sector agrario es la renovación generacional, la incorporación de jóvenes al sector y la presencia de más mujeres en el agro y en el medio rural. ¿Son los mismos que tiene el cooperativismo?

Sin duda. Estamos muy preocupados con el relevo generacional, pues estamos en un momento crucial, en un periodo, hasta 2020-2022, para mantener el actual modelo productivo o cambiarlo totalmente. Necesitamos crear las condiciones para que la gente joven vea en el sector agroalimentario la oportunidad de su vida y eso requiere rentabilidad en esta actividad. Y, para nosotros, requiere cambios en la forma en que nos relacionamos con los jóvenes y comprender su punto de vista. No podemos pretender que se adapten a nuestras estructuras de hace 50 años, si no que debemos adaptarlas para motivarles y dar respuesta a sus necesidades en estos poco años que tenemos por delante. Con la incorporación de la mujer en el sector agroalimentario y, en concreto, en el cooperativismo, pasa lo mismo. Existen barreras culturales, sociales y no solo del propio sector, así como un entorno que no favorece en este momento su incorporación, no tanto al ámbito laboral, que sí se da, sino en el de decisión, en el de los consejos rectores de las cooperativas. Estamos trabajando en este sentido, pues la aportación de las mujeres es importante y no hay una empresa con futuro en esta actividad que pueda prescindir de su visión.

La ley 13/2013 de integración cooperativa fue un logro indudable, ¿está asegurado su desarrollo normativo y, sobre todo, su apoyo financiero hasta el 2020 al menos?

Básicamente, queda por desarrollar las medidas de aplicación y los estímulos asociados a esa Ley, que están en el Programa Nacional de Desarrollo Rural. Las medidas de inversión y de demostración están ya operativas. Faltan las otras, las de asesoramiento y formación. No obstante,  la de  inversiones, la parte más importante, incluso a nivel presupuestario, acaba de empezar a funcionar y creo que en un año veremos y valoraremos si cumple con los objetivos previstos en la Ley. El objetivo es la creación y el impulso de grupos cooperativos. Si en un año vemos que no se cumple, tendremos que analizar posibles cambios para seguir impulsando la integración asociativa. Pero, de momento, se ha aplicado todo lo que ha permitido la ley.

El hecho de que estemos con un Gobierno en funciones desde hace casi ya medio año, ¿está influyendo en la toma de decisiones de tipo normativo con efectos para el sector cooperativo y agrario en general?

Creo que no es bueno este “impasse”. Un sector tan diverso, como el agroalimentario, tiene mucha dependencia aún de la actuación de la Administración, aunque el mercado esté cada vez más liberalizado. Siempre hay muchas actuaciones y coyunturas complicadas en algún sector. Un gobierno en funciones tiene muy limitada su capacidad legislativa  y, sobre todo, de iniciativa. Puede gestionar los asuntos que ya están acordados, que tienen un respaldo legal y que son de aplicación, pero está limitado en su capacidad para presentar iniciativas y sobre todo nuevos compromisos económicos. No es buena noticia para el sector que nos vayamos a tirar casi un año con un gobierno en funciones, porque se ralentizan o se paralizan actuaciones, además en momentos en que todo evoluciona con enorme rapidez y un año en blanco es mucho tiempo perdido.

En buena parte del sector agro-industrial no entienden muy bien, ven incluso competencia desleal, que a las cooperativas no les afecte por igual algunos preceptos de la Ley de la Cadena, como es el caso de los plazos de pago.

Creo que Ley de la Cadena contempla lo que debe. La relación entre un agricultor, que es socio de una cooperativa, y esa cooperativa, no es una relación de proveedor a cliente. Ese señor tiene un capital social, es propietario de parte de la empresa, y no es un proveedor. Por tanto, no hay relación comercial, sino societaria interna, dentro de un grupo y ese grupo o cooperativa, esa unidad socio-cooperativa decide cómo se organiza mediante sus órganos de gobierno, en los que también participa, y cuándo y cómo paga…etc. La otra forma es una relación estrictamente comercial, en el que yo vendo un producto y alguien me lo compra. Ahí hay una normativa que lo regula y que, por cierto, existía desde hace muchos años, pero no se cumplía, al no haber vigilancia, ni  sanción sobre la misma. Los que se inquietan por este asunto vivían o estaban sacando ventaja competitiva del incumplimiento de la legalidad y ven que ahora no pueden hacerlo. Es un avance importante que los agricultores vean que si están en una cooperativa tienen otras ventajas, como ésta, al contar con una  vinculación patrimonial, societaria que va mucho más allá de la relación meramente comercial. En el fondo, no es que no lo entiendan, sino que no lo quieren entender, porque no les conviene.

¿Por qué no terminan de funcionar, fuera del sector hortofrutícola, las organizaciones de productores (OPs)?

No terminan de funcionar porque, realmente y salvo en frutas y hortalizas que cuentan con programas y fondos operativos para acceder y desarrollar una serie de actividades, en otros sectores las OPs no aportan nada a lo que hacen ya las cooperativas. Por ejemplo, en el caso de las OPs del sector lácteo, creo que ha habido un error de diseño. Siempre dijimos que para poder negociar de forma seria la comercialización de un producto, la OP tiene que ser dueña del mismo. Si no lo es, si eres estrictamente una entidad de negociación y, además, el compromiso entre el producto y el que negocia su compra es débil, pues no hay nada que hacer. No creemos en las OPs de negociación tal y como están diseñadas, porque no aportan nada distinto a lo ya había y por eso no han avanzado. No obstante, hemos visto que podrían servir como instrumento de integración cooperativa en el ámbito autonómico, porque en el Reglamento de Desarrollo Rural se establecen mecanismos para incentivar estas organizaciones. Sin embargo, esto se ha frenado con el Gobierno en funciones, justo cuando empezábamos a reflexionar a finales del pasado año sobre la normativa que debería regular qué es una OP en sectores distintos al lácteo y al hortofrutícola. Estamos en ese “impasse” de poder aprovechar las OPs para fomentar la integración de entidades de hasta tamaño pyme, y creemos que con esa posibilidad existe mucho recorrido.

Si tuviera que fijar los deberes que, como conocedor de mundo cooperativo, tienen estas entidades por delante a medio y largo plazo, ¿cuáles serían?

Es abundar un poco en lo que ya comentado. Las cooperativas tienen que tener una gestión excelente. Es más difícil gestionar una cooperativa que una empresa mercantil, porque no puedes hacer tu negocio a costa del productor. Muchas empresas del sector agroalimentario obtienen su negocio como pueden y si tiene que ser a costa del productor, pues también. Esto es la base, porque si no hay buena gestión, no hay nada.  Ésta tiene que verse complementada con un espíritu de crecimiento y de mayor dimensión, porque sin dimensión tampoco tienes recursos para hacer prácticamente nada, ni para defender el producto, invertir, innovar o exportar. Se trata de un reto permanente que nunca termina, pues el fin último es lograr ser más fuerte en el mercado, mejor proveedor para tus clientes, aumentar la presencia exterior. Otro deber es reforzar el gobierno corporativo de las cooperativas. Los consejos rectores tienen que jugar el papel real del gobierno de la empresa y de relación con la base social para llevar a cabo un proyecto cohesionado entre esa base y lo que es el proyecto empresarial. En suma, para mí los retos son una muy buena gestión, crecer de cara al mercado y mejorar el Gobierno corporativo, dándole a los consejos rectores las herramientas para que desarrollen correctamente su función, sin olvidarnos de la necesidad de una formación constante en las cooperativas. Con todo esto avanzaremos adecuadamente en el mundo cooperativo en el que estamos.

 

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