El sector agroalimentario español confía en mejorar su competitividad mediante la bieconomía

ARMANDO GARCÍA
Reducir la dependencia del petróleo y transformar los residuos en materia prima, principales retos planteados en el Congreso Food&Future organizado recientemente por Cajamar y APTE en Almería.

“La bioeconomía no consiste en hacer más de lo mismo, sino que implica la creación de nuevas profesiones, de inversiones de relevancia y de políticas públicas coherentes e integradoras, no sectoriales”, según Alfredo Aguilar, de la Fundación Europea de Biotecnología. Aguilar fue uno de los expertos de primer nivel que tuvo la oportunidad de dirigirse a más de doscientos representantes del sector agroalimentario durante el congreso Food&Future que se celebró el pasado 16 de junio en Almería, toda una declaración de intenciones por parte de Cajamar Caja Rural y de las tecnópolis españolas para sensibilizar a los empresarios sobre la necesidad de introducir criterios de desarrollo sostenible en la producción y comercialización de alimentos. El congreso ha contado con la colaboración de la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía y de la Asociación de Parques Tecnológicos de España (APTE), mientras que el Parque Científico -Tecnológico de Almería (PITA) fue el espacio anfitrión de este encuentro.

Sostenibilidad, bioeconomía y economía circular son conceptos en auge que se dan la mano y que se encuentran estrechamente relacionados entre sí. El significado de cada uno de ellos y, lo que es más importante, su influencia directa en la mejora de la competitividad del sector agroalimentario, fueron los ejes temáticos de este primer congreso de bioeconomía en el que quedó muy claro que la única opción de futuro pasa por un tejido agroalimentario que considere los residuos como materia prima y que sea capaz de trabajar con nuevas fuentes de energía, basadas en recursos renovables y biológicos. “La sociedad global en la que estamos inmersos volverá a consumir recursos biológicos, como sucedió durante miles de años antes de entrar de lleno en la economía dominada por el petróleo y sus derivados”, según Roberto García Torrente, director de negocio agroalimentario de Cajamar Caja Rural.

El I Convenio de Bioeconomía, Alimentación y Futuro Food&Future ha combinado el carácter científico-técnico de las ponencias con una clara orientación hacia la economía productiva y el mundo empresarial y del emprendimiento. En la inauguración, el presidente de Cajamar Caja Rural destacó que la bioeconomía “lleva implícito un gran salto adelante de la humanidad en cuanto al uso intensivo de las tecnologías sostenibles en todas las fases del proceso productivo. Pero, sobre todo, ha de suponer un gran cambio en el terreno de las mentalidades, en la manera en cómo entendemos el carácter circular de la economía y cómo gestionamos los recursos de origen biológico a nuestro alcance”, según Eduardo Baamonde, quien advirtió a los asistentes que   “la bioeconomía centrará en los próximos años la agenda de gobiernos, corporaciones empresariales y centros de estudios de todo el mundo. Se trata, por tanto, de una necesidad y una oportunidad para progresar hacia la seguridad alimentaria de la población, el desarrollo del binomio alimentación y salud, la protección del medio ambiente y la generación sostenible de valor económico y bienestar social”. A continuación, el presidente de la Asociación de Parques Tecnológicos de España (APTE), Felipe Romera, señaló que “este congreso supone el acercamiento de una entidad financiera fuertemente ligada a la innovación con el sector agro de los parques científicos y tecnólogicos que representa a más de 250 entidades. Además, es una oportunidad única para estrechar relaciones, aprender y fortalecer el trabajo en red, en un momento en el que 160.000 personas trabajan en nuestros parques representando a los sectores más innovadores del país”.

Sostenibilidad, innovación y tecnología

La bioeconomía apuesta por un modelo productivo intensivo en innovación y tecnología, con bajas emisiones, que haga posible satisfacer la continua demanda de recursos de la actividad agraria e industrial, garantizando la seguridad alimentaria y el uso responsable del material biológico renovable del que disponemos en nuestro planeta, la biodiversidad y la protección del medio ambiente. Un modelo que ya es una realidad en la Unión Europea, donde genera anualmente un volumen de negocio que sobrepasa los dos billones de euros y da empleo a más de 22 millones de personas en la industria agroalimentaria, química, biotecnológica y energética.

Los organizadores de “Food&Future” señalan que el futuro del sector agroalimentario pasa por fomentar la investigación y la innovación para ganar en calidad, sostenibilidad y competitividad. En este sentido, desde la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural se han destacado los progresos realizados en Andalucía en proyectos relacionados con bioeconomía y economía circular para el aprovechamiento de la biomasa, el desarrollo de maquinaria, nuevas variedades de semillas, control biológico de plagas y uso de robótica.

Biomasa agrícola que vale millones

Un buen ejemplo del cambio de mentalidad que supone la bioeconomía se encuentra en la gestión actual de los residuos vegetales que genera cada año la agricultura intensiva de Almería. Los caso dos millones de toneladas de biomasa que cada año se transportan desde los invernaderos a los vertederos autorizados no pueden considerarse basura sin valor, sino “una preciosa materia prima que contiene bioproductos comercializables que tienen en la actualidad un interesante mercado”, según Javier Velasco de la empresa Neol Biosolutions. Aunque a simple vista la biomasa de invernaderos está compuesta por toneladas de ramas, tallos, hojas y restos de rafia, a los ojos de un científico experto la biomasa es una fuente de lípidos, proteínas o hidratos de carbono que se pueden utilizar como materias primas para la elaboración de innovadores alimentos funcionales. De hecho, los bioproductos y los microorganismos están llamados a revolucionar la industria alimentaria. Sucede ya con la nueva familia de aceites y grasas con microorganismos que ha desarrolado la empresa Neol y que pueden abrir las puertas a la estandarización de nuevas fuentes de energía con origen vegetal.

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