El papel de la agricultura en la lucha contra el cambio climático

Próximamente se celebrará en París la COP21, donde se tratará de lograr un acuerdo vinculante y riguroso entre las partes para reducir las emisiones contaminantes de efecto invernadero a partir de 2020, fijando como objetivo limitar el aumento de la temperatura global en menos de 2º C.
Jaime Lamo de Espinosa. Director de Vida Rural.

Querido lector:

Entre los días 30 de noviembre y el 11 de diciembre tendrá lugar en París la XXI Conferencia de las Partes, Conferencia sobre el Cambio Climático (COP21), de gran importancia en la lucha contra el cambio climático y sus consecuencias. Se trata de lograr un acuerdo vinculante y riguroso para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a partir de 2020. El propio presidente Hollande ya afirmó que defenderá en esta reunión una posición ambiciosa, centrada en el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40% en 2030 y un 60% en 2040, respecto a 1990.

Pues bien, en ese contexto, aparece en España un importante libro sobre la materia en lo que afecta a la agronomía. Me refiero al del profesor y catedrático emérito de Córdoba, Luis López Bellido, titulado Agricultura, Cambio Climático y Secuestro de Carbono (Ed.López Bellido-Amazon). Sobre el personaje poco hay que decir dada su notoriedad universal. Es un experto reconocido y por ello su libro es de obligada lectura para los que nos interesa nuestra agronomía y el cambio climático. Permítanme que recoja algunos párrafos e ideas del libro para hacer más comprensible al lector la importancia del tema tratado.

El cambio climático global es un hecho científicamente constatado. Hoy ya no se discute. Y resulta también evidente que esta alteración del clima es producida por las emisiones antropogénicas de GEI. En el caso agrario el hombre está alterando el medio ambiente con una finalidad tan necesaria como es la de producir alimentos y dar de comer a la especie humana.

En la actualidad, la fuerte presión demográfica, el cambio tecnológico, las políticas agrícolas y el crecimiento económico han sido los principales factores de cambio durante las últimas décadas en la agricultura. Hay que alimentar más y más población con menos tierra y agua per cápita que en siglos pasados. Por ello la agricultura ha sido siempre y sigue siendo un sector estratégico para la economía de un país, cualquiera que sea su nivel de desarrollo.

No obstante, en las últimas décadas ha sido objeto de duras críticas siendo para muchos uno de los principales responsables del incremento de los niveles de GEI. Sin embargo no es así, gracias a la fijación de CO2 de los cultivos anuales y especies arbóreas agrícolas o forestales, a través de la fotosíntesis se producen alimentos y otros productos agro-ganaderos-forestales esenciales.

El autor estima que la agricultura genera entre el 10 y el 12% de las emisiones antropogénicas de los GEI y  éstas aumentarán en las próximas décadas debido a la demanda creciente de alimentos y a los cambios en la dieta. Pero la mejora de las prácticas de cultivo y las nuevas tecnologías emergentes podrían permitir una reducción de sus emisiones por unidad de alimento producida.

Es cierto que a la agricultura le afecta fuertemente el cambio climático debido a que su actividad depende de las condiciones ambientales. Sin embargo, presenta otra singularidad positiva: es el único sector, el agroforestal, que a través de la fotosíntesis puede secuestrar dióxido de carbono de la atmósfera y retenerlo en formas más o menos estables (biomasa y materia orgánica del suelo). Por este motivo, la agricultura puede contribuir a la mitigación de las emisiones de GEI, pues bajo un manejo apropiado puede reducir a cero las emisiones de CO2 a la atmósfera y capturarlo y almacenarlo como C orgánico en el suelo, a la vez que puede minimizar las emisiones de metano y óxido nitroso.

Por otro lado, –cita López Bellido– el último Informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, 2014), señala importantes incertidumbres a escala regional y mundial sobre el probable efecto del calentamiento climático en la agricultura, incluso la disminución del rendimiento de los principales cultivos.

En los sistemas agrícolas, parte del CO2 que fijan los cultivos queda almacenado en el suelo gracias a sus raíces y residuos, comportándose en este caso como un sumidero a largo plazo. Por tanto, un mejor entendimiento y manejo de los suelos proporcionaría importantes beneficios: mitigar el cambio climático, evitar su degradación, mejorar la retención de agua e incrementar la productividad.

Entre las estrategias claves figuran el uso del laboreo de conservación, las rotaciones de cultivo y el manejo de los residuos de cultivo, la adecuada gestión del pastoreo del ganado, la mejora del manejo de los sistemas de riego y el uso de tecnologías de agricultura de precisión. El mantenimiento y posible incremento de las cantidades de C orgánico secuestrado por el suelo podría ser crítico para la futura adaptación al cambio climático.

Adicionalmente, a través del emergente comercio de C y la introducción de compensaciones por la reducción de emisiones de GEI, los productores agrícolas podrían tener una nueva fuente de ingresos e incentivos para secuestrar C en el suelo. Y deberían ser objeto de subvención, vía ayudas PAC, los suelos agrícolas pero muy especialmente los forestales y ello debería ser aprovechado para estimular una agricultura sostenible.

Cuando acababa de finalizar estas líneas nos llegan las noticias terribles de los atentados yihadistas en el centro de París con más de un centenar de muertos y que tanto nos recuerda a los españoles lo ocurrido aquí el 11-M de 2004. Atentado que puede ser una advertencia a la Cumbre de París sobre el Clima ya comentada. Vaya por delante nuestra condolencia y nuestro pesar, sentimientos de los que damos traslado a la Embajada de Francia.

Como bien ha dicho el presidente Hollande estamos ante una guerra, en todo diferente a las ya conocidas, pero guerra al fin. Si queremos defender nuestro modelo de libertad y de civilización habrá que aceptar los sacrificios que sean necesarios para no perder esa guerra y esa civilización que a Europa le ha costado forjar tantos siglos.

Un cordial saludo

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