El derecho a la alimentación de todos los pueblos

Esta carta solo pretende, en una fecha como la actual, cumplir con aquel mandato de creación del Día Mundial de la Alimentación: llamar la atención sobre el tema, sensibilizar las conciencias y provocar la reflexión sobre una cuestión tan crucial como el derecho a la alimentación de todos los pueblos.
Jaime Lamo de Espinosa. Director de Vida Rural.

Querido lector:

El pasado 16 de octubre Su Majestad la Reina Doña Leticia acudía a la cumbre de Milán en donde se celebraba el 70 aniversario de la creación de la FAO, al tiempo que se conmemoraba el 36 aniversario de la institucionalización de tal fecha como Día Mundial de la Alimentación. La Reina, que es embajadora extraordinaria de FAO desde hace un año y que está mostrando una muy alta sensibilidad hacia los temas alimentarios y una gran preocupación por la malnutrición mundial, ha querido unirse a toda la gran familia FAO en esta ocasión. Desde aquí le damos nuestra más cordial enhorabuena.

La creación de la FAO tuvo, en su tiempo, un gran inspirador, Mc Dougall, el cual en los últimos meses de 1944 y todo el año 45 insistió ante las autoridades mundiales para que se creara un organismo mundial que contribuyera a paliar el hambre en el planeta. Se vivía entonces un mundo convulsionado por el final de la II Guerra Mundial, y  precedido por la Gran Depresión de 1929, que produjo una enorme crisis de alimentos y el desplome del comercio mundial. Una –apasionante imagino– conversación de Mc Dougall con el presidente Roosevelt, merced a la intervención de su esposa Eleonor, desarrollada en una ya famosa cena en la Casa Blanca y en la cual Mc Dougall planteó el dilema de “casar la salud con la agricultura”, dio como resultado la firma en Quebec, el 16 de octubre de 1945, del acuerdo por el que Naciones Unidas creaba la FAO.

Muchos años después, en 1979, celebrándose la XX Conferencia General de FAO –que tuve el honor de presidir– acordábamos todos los países miembros crear el Día Mundial de la Alimentación para que el 16 de octubre de cada año, en cada país, globalmente, se llevara a cabo una jornada de reflexión para pensar sobre el flagelo de la malnutrición y ofrecer soluciones que nos permitieran avanzar en la buena dirección.

Y en ese sentido, la ministra Isabel García Tejerina, presidió el pasado octubre, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid, un acto conmemorativo de dicha efeméride. A lo largo del mismo todas las intervenciones, muy especialmente la de la ministra, se centraron en los actuales problemas de los desequilibrios internacionales de alimentos.

Si tuviera que extractar las preocupaciones del mundo agroalimentario actual diría que estamos ante un planeta donde la superficie agrícola útil per cápita (ha/cap) y el volumen de agua dulce que puede ser utilizada para riego (m3/ha), se van reduciendo año tras año, no solo porque disminuye el numerador sino porque el denominador, la población mundial, crece imparablemente. Pero además esa población se hace año tras año más urbana, abandona el medio rural en grandes proporciones y se estructura en un sistema de vida más occidental. Sistema de vida que les lleva a unos patrones de consumo alimentario y de compra de alimentos en todo semejantes a los que hoy encontramos en cualquier gran ciudad de la Unión Europea o de EE.UU.

Es así como los consumos alimentarios per capita de trigo, leche, carne, huevos, etc., crecen año tras año. Y en numerosos informes científicos se prevén, prácticamente, una cuasi duplicación de tales demandas. Si la población alcanza los 9.000 millones de habitantes en el año 2050 como se estima, la presión de la demanda sobre la tierra y el agua, será tan alta que estaremos tal vez sobrepasando todas las “líneas rojas” medioambientales.

Es cierto que hoy un 30% aproximadamente de los alimentos producidos se pierden en la cadena de valor, acaban en el cubo de la basura, son desaprovechados, etc., y sobre este aspecto la sociedad, especialmente la occidental, debería trabajar para reducir drásticamente dicho porcentaje. No podemos seguir hablando de malnutridos en el mundo y tolerar, al tiempo, esa espantosa realidad.

Pero además, si tal desfase entre oferta y demanda, fruto del crecimiento de la población, se produjera, los precios de la materias primas agrarias volverían a dispararse como ocurrió con las famosas “llamaradas” de precios de los años 2008, 2010 y 2012, cuyas consecuencias resultaron funestas para numerosos países muy especialmente del norte de África (Túnez, Argelia, Egipto, Mauritania, etc.) donde se generaron revueltas que acabaron con sus Gobiernos y aquella, llamada ilusamente, “Primavera árabe” no condujo a nuevas democracias sino a sistemas integristas y dogmáticos.

Es esta una reflexión que solo pretende incidir sobre el dilema de las hectáreas que se usan para producir biocomustibles frente a alimentos; que concierne al uso de transgénicos sobre los que las Academias científicas del mundo y numerosos premios Nobel se pronuncian día a día en su favor; sobre el uso de más tierras regables si es que el recurso agua es suficiente; sobre las causas medioambientales de la pobreza nutricional y que genera año tras año más y más emigrantes medioambientales; sobre la otra cara de la malnutrición como es la sobrenutrición, la obesidad y el exceso alimentario de algunas partes del mundo; sobre las prioridades de gasto que entraña el famoso dilema de “cañones o mantequilla”, etc., etc., etc.

Esta carta solo pretende, en una fecha como la actual, cumplir con aquel mandato de creación del Día Mundial de la Alimentación: llamar la atención sobre el tema, sensibilizar las conciencias y provocar la reflexión sobre una cuestión tan crucial como el derecho a la alimentación de todos los pueblos.

Un cordial saludo.

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