El Brexit, un riesgo para todos

De perderse el referéndum, la UE perdería a uno de sus principales contribuyentes netos así como un importante mercado para los productos de la UE y en particular para los productos agroalimentarios españoles. Habría que redefinir, mediante tratados bilaterales la regulación del comercio exterior entre ambos y esto afectaría fuertemente a nuestras exportaciones.
Por Jaime Lamo de Espinosa. Director de Vida Rural.

Querido lector:

La incertidumbre es algo que los mercados soportan muy mal. Cuando los inversores, que hoy son globales y pueden movilizar sus recursos en un instante desde un lugar a otro del mundo, atisban la menor sospecha de incertidumbre, de indefinición, en suma de riesgo, en un mercado, huyen de él como de la peste. Y cuando esto ocurre el país afectado sufre los llamados “costes de oportunidad”. La oportunidad se pasa y, mientras, la inversión muda de destino.

Algo de esto está ocurriendo ante nuestros ojos, aunque mucha gente no lo ve, pues esa incertidumbre afecta hoy a España, desde el 20 de diciembre, y a Reino Unido y a la UE, desde el pasado 19 de febrero. Aquí la incertidumbre es fruto de permanecer durante más de dos meses sin Gobierno, con muchos temores entre los inversores sobre nuestro futuro inmediato, como nos lo confirma que la prima de riesgo sube y las agencias de rating nos bajan la calificación. Y allí, en Reino Unido, pero también en el marco de la Unión Europea, el llamado Brexit, es decir la hipotética salida, secesión, de Reino Unido de la UE ya ha empezado a tener sus consecuencias.

Cuando Reino Unido ingresó en la, entonces, Comunidad Económica Europea (CEE) lo hizo de la mano de Margaret Thatcher. Esta mantuvo hasta el final numerosos recelos sobre su ingreso. Creía –como Cameron, como todo buen inglés– en la superioridad británica, lo que le llevaba al euroescepticismo y a una cierta desconfianza de Europa. Hubo entonces negociaciones muy duras, con el famoso “cheque británico” por medio, pero a la postre la Dama de Hierro dio el sí a la Unión. Comprendía que Gran Bretaña no podía estar ausente de la nueva creación Europea, no podía dejarla en manos de Francia y Alemania.

Y es así como en 1973, tras varias negativas previas de De Gaulle a este ingreso, Reino Unido se sumó a la CEE. Pero no quiso saber nada, años más tarde, de la unión monetaria ni del euro, frente al cual ha tenido siempre una enorme reticencia. Y aprovechó muy bien desde el punto de vista agrario las ventajas de la PAC.

Sí, en esa UE, el Reino Unido ha disfrutado de todas las ventajas de la misma y ello ha facilitado, entre otras cosas, que sus agricultores y ganaderos gocen de unas potentes ayudas procedentes de la PAC (unos 3.300 millones de euros/año por el primer Pilar; lo que equivale en Gales a entre 179 y 235 €/ha) que han beneficiado fuertemente a los ganaderos de leche, los grandes cultivadores de cereales y de pastos y otros más.

Y la PAC, así como la pertenencia a la UE para otros temas, han hecho posible que los agricultores gozaran de alta protección en precios entre 1973 y 1993; que el área de cultivos extensivos se haya expandido; que las granjas hayan mejorado estructuralmente; que Reino Unido haya visto ampliados sus mercados, por ejemplo, para el cordero; que muchos farmers se hayan beneficiado del segundo Pilar (750 M€/año) ; que las ayudas directas hayan elevado fuertemente las rentas agrarias de muchos, etc. etc.

En su conjunto, las ayudas PAC representan el 55% de las rentas agrarias de Reino Unido. (Recomiendo la lectura del Informe de Allan Buckwell, profesor emérito, para la Worshipful Company of Farmers, sobre Agricultural implications of Brexit- febrero 2016). También es cierto que, en contrapartida, Reino Unido es el segundo mayor contribuyente neto a la UE (12.400 M€).

Y no olvidemos que para España, Reino Unido es un gran importador agroalimentario, somos su segundo proveedor, y las exportaciones de cítricos, hortofrutícolas (principal exportador en ambos renglones), panadería, vinos (segundo destino de nuestros vinos), aceites (España es el principal exportador de aceite de oliva a Reino Unido) y cárnicos, suman unos 2.700 M€, es decir, un 85,6% sobre el total de nuestras exportaciones agroalimentarias (3.152 M€ en 2014).
En cuanto a las importaciones españolas, estas son básicamente de bebidas espirituosas (whisky), panadería, pescados y mariscos y cárnicos. Pero toda la importación suma 1.134 M€, es decir, un tercio de nuestras ventas allí. Y siempre hemos mantenido un saldo comercial agroalimentario positivo para España.

Ahora, el primer ministro Cameron ha planteado a la Unión aceptar determinadas medidas que colocan al Reino Unido en una situación diferente a la del resto de los Estados miembros. Ha exigido que desaparecieran determinados incentivos sociales a la entrada de trabajadores (recordemos que Gran Bretaña no está en Schengen), quería reducir los subsidios para los no británicos y reglas diferentes para sus bancos así como un cierto derecho de veto sobre leyes que consideren contrarias a sus intereses, sobre todo en la administración del euro.

Es lo cierto que la UE ha cedido, ha admitido un “traje a la medida” para Cameron, un “status singular”. Y Cameron, agradecido (?), va a convocar un referéndum para el 23 de junio, en el cual Reino Unido votará si quiere seguir, o no, en el seno de la Unión.

El debate va a ser intenso porque, en el fondo del alma británica, el dirigismo económico de la UE, el intervencionismo que nace básicamente en Francia, y la enorme burocracia de Bruselas (directivas y reglamentos nos inundan), son mal percibidas por la opinión pública de allí. “Amo a Gran Bretaña, no a Bruselas” dice Cameron. “Bruselas” dice, no la UE, porque es Bruselas la cuna de toda esa burocracia e intervencionismo que inunda las políticas europeas.

Y, además, Reino Unido tiene pavor a los populismos emergentes de algunos países como Grecia, Portugal y España. Sobre todo el de España, porque somos el quinto país según el PIB Europeo. Al Reino Unido no le gustan los rescates y los teme, pero sobre todo teme que  Bruselas no sea capaz de poner coto a los despilfarros sociales de algunos partidos populistas en ciertos países de la Unión, singularmente España.

La cuenta atrás de ese referéndum ya ha empezado. Y esta situación, cualquiera que sea el resultado, no conducirá nunca a un éxito para ambas partes. Una solución win-win es imposible.

De perderse el referéndum, la UE perdería a uno de sus principales contribuyentes netos que tiene además la balanza financiera más importante. También perderíamos un importante mercado –ya comentado– para los productos de la UE y en particular para los españoles. Como destaca AFI, el Brexit, haría perder 100.000 empleos en el sector financiero y lanzaría las multinacionales de la City fuera del Reino Unido. Habría que redefinir mediante tratados bilaterales la regulación del comercio exterior entre ambos y esto afectaría fuertemente a nuestras exportaciones y también a las importaciones, básicamente agroalimentarias.

A las 24 horas del acuerdo alcanzado en Bruselas el alcalde de Londres, Boris Johnson, lanzaba una fuerte proclama en favor de la secesión de Reino Unido y anunciaba que hará una campaña permanente en favor de la separación. De inmediato la libra esterlina marcó su mayor caída desde 2009 y el temor se apoderó de la City. Doscientos empresarios británicos, en una carta a The Times, alertaron de que el Brexit arrastraría negativamente la inversión y el empleo. Son muchos los inversores, las empresas británicas, que temen perder el libre acceso al mercado europeo de bienes y servicios.

La salida de Reino Unido de la Unión sería dramática para ambos espacios. El propio Cameron, ante la Cámara de los Comunes ha dicho “no es el momento de dividir Occidente”. Pero el nuevo status no parece dar suficiente satisfacción a los más euroescépticos.

Esta separación, de producirse, causará enorme daño a la “pareja”, es decir, a Reino Unido y a la UE. Confiemos pues en que las aguas vuelvan a su cauce. Pero Cameron ha abierto ya una vía peligrosa, muy peligrosa. Convocó un referéndum para la secesión de Escocia, que ganó. Ahora convoca otro para la secesión de Reino Unido de la UE. Confiemos en que ganen las tesis de Cameron es decir la “no secesión”. Pero, sin duda alguna, en años futuros veremos cómo se replantean, una y otra vez, ambos referéndums –la puerta se ha abierto– hasta que alguno de ellos, o ambos, triunfen. No es un buen camino el iniciado.

Un cordial saludo

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