Diagnóstico y etiología de la seca de ramas de olivo (II)

El síndrome de desecación y muerte de ramas de olivo es un problema fitosanitario que viene observándose en el olivar de forma creciente desde las últimas décadas. En este segundo artículo se da un repaso exhaustivo de los distintos agentes fúngicos que producen síntomas de desecación y muerte de ramas. Esta información pone de manifiesto la necesidad e importancia de un diagnóstico preciso para el manejo adecuado de este problema fitosanitario.
L.F. Roca, C. Agustí-Brisach, J. Romero, J. Moral, M.C. Raya, A. Trapero. Dpto. de Agronomía, ETSIAM, Universidad de Córdoba, Campus de Rabanales. Córdoba.

Los hongos son los agentes más frecuentemente asociados con la seca de ramas, bien como agentes causantes directos de dicho síndrome, o como colonizadores secundarios de ramas afectadas por otros agentes bióticos o abióticos. Ello unido al elevado número de hongos implicados, hace que el diagnóstico específico sea fundamental en estos casos.

Entre las enfermedades fúngicas que afectan a la parte aérea del olivo destacan sin duda los repilos, causantes de defoliación de ramas y en algunos casos de muerte y seca de las mismas. El término repilos engloba tres enfermedades bien conocidas en el olivar, el repilo común, causado por Venturia oleaginea, el emplomado, causado por Pseudocercospora cladosporioides, y la antracnosis o aceituna jabonosa debida a especies de Colletotrichum (Barranco et al., 2017).

El síntoma característico, en el caso del repilo común, son las manchas circulares, de color oscuro, que aparecen en el haz foliar principalmente, aunque también en el envés, en forma lineal, en el pedúnculo del fruto y en el propio fruto. El emplomado produce manchas de color gris plomizo en el envés de las hojas, a consecuencia de la esporulación del patógeno, acompañadas de manchas cloróticas en el haz que tienden a necrosarse con el tiempo.

Por último, la antracnosis, a diferencia de las anteriores, afecta principalmente a frutos, originando una podredumbre de los mismos con abundante producción de esporas inmersas en una substancia gelatinosa de color anaranjado o pardo, que confiere un aspecto característico al fruto afectado y al que alude el nombre vulgar de aceituna jabonosa.

Estas tres enfermedades tienen en común la defoliación que originan en las ramas de los árboles afectados. No obstante, las dos primeras no suelen producir la muerte de ramas, aunque pueden llegar a secar ramillas en caso de ataques graves, mientras que la última de ellas sí que origina la muerte de ramas, incluso de considerable tamaño. En este caso, la producción de toxinas por parte del hongo en los frutos afectados, que al ser transportadas hacia las ramas, son las responsables de la seca de las mismas.


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