Asaja Córdoba alerta de la grave situación de la plaga de procesionaria en los pinos

El presidente de Asaja Córdoba, Ignacio Fernández de Mesa, ha informado de que las Agrupaciones de Defensa Forestal (ADF) de Villaviciosa, Hornachuelos, Montoro, Cardeña, Córdoba, Posadas y Almodóvar del Río, gestionadas por Asaja, han puesto de manifiesto la “grave situación” de la plaga de procesionaria en los pinos y el riesgo para la salud pública de las personas que viven y trabajan en el medio rural.

En total, estas ADF aglutinan a 385 propietarios de terrenos forestales que representan una superficie forestal de 132.000 hectáreas y han mostrado una “enorme preocupación” respecto a la plaga de la procesionaria de los pinos causada por la climatología favorable que se está dando este otoño e invierno para las orugas.

Cabe recordar que la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es un lepidóptero que supone plaga para los pinos del sur y centro de Europa, y por tanto, de nuestras latitudes. Las orugas de esta especie, cuando eclosionan los huevos depositados en las copas de los pinos, comen las hojas, denominadas acículas, produciendo terribles defoliaciones en los árboles y los graves daños vegetativos para los pinos. Las colonias de orugas construyen conjuntamente bolsas de seda en las copas con función de refugio colectivo, las cuales se aprecian muy bien a la vista.

A partir del tercer estadio larvario, las orugas construyen sobre los árboles unos bolsones mucho más densos y conspicuos en los que pasarán el invierno. En ellos pasan los periodos diurnos y salen para alimentarse al atardecer. Las orugas, tremendamente voraces, tras alimentarse durante unos 30 días, entre febrero y abril, descienden al suelo desde los árboles, en características filas indias (de ahí su nombre común de ‘procesionarias’, porque caminan “en procesión” desde las copas al suelo). Finalmente, se entierran en el suelo, donde pasan a la fase de pupa o crisálida. En verano, hacen eclosión, y surgen las mariposas cuyo periodo de vida es muy corto (entre uno y dos días), que se aparean, comenzando de nuevo el ciclo.

Pero más allá de los daños que la oruga procesionaria del pino pueda causar como plaga forestal, Fernández de Mesa ha subrayado que se debe tenerse en cuenta “el riesgo hacia la salud pública” que ésta supone hacia las personas que trabajan o desarrollan actividades deportivas o de ocio en zonas de pinares, que en los ambientes rurales son miles. La oruga tiene pelos urticantes de pequeño tamaño, que se desprenden con facilidad y pueden ser transportados por el viento. Estos pelos pueden producir distintas patologías, entre las que destaca la afectación cutánea que se manifiesta fundamentalmente como urticaria de contacto y dermatitis papulosa. También son capaces de clavarse e irritar la mucosa conjuntival y de penetrar en la vía respiratoria produciendo manifestaciones a este nivel. En los últimos años se han descrito varios casos de reacciones anafilácticas por este insecto. Es por tanto un problema de salud pública, además de una plaga forestal.

Por todo ello, la administración debe tomar conciencia de este grave problema, el cual se acentúa teniendo en cuenta la prohibición genérica de los tratamientos aéreos, que son los únicos válidos para actuar en terrenos forestales, donde los medios terrestres no pueden actuar.

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