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Jornada para analizar el legado de la Cumbre del Clima de París

El pasado día 12 finalizó la Cumbre del Clima de París un acontecimiento mundial que reunió a autoridades de máximo nivel de 195 países y cuya celebración se fijó hace 20 años en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. Con motivo de analizar las conclusiones más importantes alcanzadas durante la cumbre, la APIA, Asociación de Periodistas de Información Ambiental, convocó una jornada en sus oficinas el pasado 16 de diciembre en la que participaron periodistas medioambientales, representantes de instituciones públicas, empresas, ongs y técnicos.

Para los asistentes, la Cumbre del Clima de París marca el fin de los escépticos del cambio climático. Con una amplia representación científica, el mensaje que más se repitió durante la Cumbre fue que el cambio climático es un hecho irrefutable de base científica cuyas consecuencias, ya visibles, son el aumento de los desastres climatológicos y deshielo de los polos.

El objetivo más importante al que se comprometieron los países asistentes fue a trabajar para evitar que la temperatura global de la tierra aumente en 2 grados de aquí a 2025. Los principales agentes contaminantes señalados durante la Cumbre son los combustibles fósiles y la mejor medida para evitar el calentamiento es el “carbono no emitido”, para lo que se requiere de cualquier acción ciudadana y empresarial que suponga no aumentar ni un gramo el CO2 que se emite al planeta, además de investigar para desarrollar tecnologías que permitan la captura de CO2 así como otras que optimicen la gestión de las energías renovables.

La solución pasa por una apuesta por las energías renovables. Así lo han entendido los mercados que han respondido de forma inmediata con la subida de las acciones en bolsa de las empresas de este sector.

¿Cómo se aplicará el acuerdo? De momento se ha llegado a un acuerdo que se firmará en abril de 2016. Una vez firmado los países tendrán que ratificarlo. Los países participantes se comprometen a presentar informes medioambientales cada 5 años en los que declararán si han mantenido, disminuido o aumentado sus emisiones. No habrá penalizaciones ni recompensas, tampoco inspecciones externas. Con esta medida se establece un marco de relación pacífico entre los países que busca favorecer la transparencia.

En la otra cara de la moneda, algunos actores sociales consideran este acuerdo insuficiente, a la vez que histórico, falto de medidas intermedias, de objetivos establecidos por país y de mecanismos de justicia climática.

¿Cuál va a ser el legado de la Cumbre? París es el comienzo de una nueva conciencia universal, un acuerdo de alcance global con la participación activa de países como India o China, que se mantuvieron al margen en cumbres anteriores, y que forman parte de ese pequeño grupo de países responsables de 2/3 de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

En términos económicos el acuerdo al que se llegó en París es “excesivamente caro”, pero el coste de no actuar sería mucho más importante. Hay que tener en cuenta que el coste de reducción de los gases invernadero será variable en los diferentes países que han llegado al acuerdo. El acuerdo supone además una señal a los mercados, les está diciendo “ojo con las inversiones en fondos fósiles”, habrá desinversiones en estas energías y repunte de las renovables.

Para Roberto Arranz, jefe del Departamento de Medio Ambiente de Red Eléctrica de España: “En un tiempo en el que los países se miden en términos de riqueza energética: ahorro y eficiencia son fundamentales“. A nivel nacional considera necesario una evolución ordenada de las energías renovables, con el desarrollo de tecnologías que permitan integrarlas a la red de abastecimiento y almacenamiento, además de un marco regulatorio estable a largo plazo que envíe señales evidentes y claras a los mercados.

Por otro lado, Mario Rodríguez director de Greenpeace España, opina que el objetivo planteado en el acuerdo requiere planificación política global y voluntad energética para evitar que se sobrepasen los 2 grados que causarían entre 2060 y 2080 la desaparición de algunos países, costas y desastres climatológicos frecuentes. Considera que para llegar a este objetivo, de aquí a 2050, habrá tenido que ocurrir una auténtica revolución energética para lo que serán necesarias alianzas entre países extra-comunitarios ya que los compromisos que se alcancen en la UE no serán suficientes.

 

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